Abelardo de la Cruz / Estudiante de antropología en SUNY, Albany, Nueva York
Abelardo de la Cruz / Estudiante de antropología en SUNY, Albany, Nueva York

Era alrededor de abril de 2014 cuando me llegó una invitación a través de un email por parte de la doctora Justyna Olko, una investigadora polaca. Era una propuesta para participar como miembro de un panel en una conferencia en Indianápolis, en el estado de Indiana, en Estados Unidos. En aquel año estaba en mi primer semestre de la maestría en la facultad de Docencia Superior de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ).

Al principio que veía el email no me parecía tan interesante, pero después busqué información en el internet sobre la institución que organizaba el evento, se llamaba el 60 Congreso Internacional de la American Society for Ethnohistory (ASE). De botepronto acepté la propuesta para participar como ponente. Posteriormente me dijo que le enviara un resumen para enviar la propuesta de mi participación junto con los otros miembros del panel. Puse en marcha lo aprendido en mi paso por la licenciatura en Zacatecas y le envié mi propuesta: “El cristianismo y la idolatría: los nahuas confrontan conceptos europeos”.

En el verano de julio recibí la carta de aceptación a través de un email por parte de ASE, en conjunto con los miembros del panel, para participar en la conferencia del 8 al 12 de octubre de ese mismo año, aún sin saber cómo financiaría mi viaje. Uno de los trabajos que empecé a hacer fue redactar mi ponencia para la lectura en la conferencia. Llegaba el mes de agosto y me decían los de ASE que los organizadores de la conferencia patrocinarían mi vuelo y mi habitación, era un total de más de 1000 dólares. No podía pagarlos, definitivamente. Lo único que yo pagaría eran sólo gastos de comida. Empecé a creer en su oferta cuando me llegaron los boletos de avión y las reservas de habitación. Así llegó el 7 de octubre y emprendía mi viaje aéreo con escalas, desde Zacatecas a Indianápolis. Lo que me animó fue que era mi primer viaje fuera de México para participar en una reunión internacional.

Uno de los retos que desafiaba era el idioma, debido a que, desde la ciudad de México, tomé un vuelo directo a Chicago. Una vez que llegué al aeropuerto de O’hare, tomé un taxi al centro de Chicago. Una vez allí, me trasladé a la estación de trenes. Eran como a las 2 de la tarde y quería tomar el tren más próximo con dirección a Indianápolis. Sin embargo, salía hasta las 6 de la tarde. Una vez que tenía mi boleto de tren, quise saber si era posible viajar más pronto de otro modo. Una persona que trabajaba en limpieza me ayudó y me dijo que caminara “just two blocks” con dirección a la estación de autobuses Greyhound y tomara el bus que me llevaría a Indianápolis. Pensaba viajar en tren, pero decidí cancelar mi boleto y me regresaron de vuelta mi dinero. Luego me fui a la estación de autobuses y ya dentro del bus veía caer la noche, contemplando una multitud de turbinas de aire que crean energía eólica.

Ya era muy noche cuando estaba arribando a Indianápolis. Al llegar a la ciudad quería usar mi teléfono, pero no funcionaba: se quedó sin batería y no tuve más remedio que tomar un taxi hasta el hostal donde permanecería por aquellos días. El taxista reconoció pronto el nombre del hostal. Llegué como a media noche. La recepcionista me dio una habitación doble. Yo demostraba entender todas sus instrucciones en inglés, pero no por completo. Un par de años en el Centro de Idiomas sentía que no valió la pena, pero, después de unos minutos, al fin tenía un espacio para descansar. Dos días después llegó Carlos, mi compañero de habitación, quien también venía para la conferencia desde California. Junto a él empecé a sentir más confianza con el clima cultural.

Me presenté en la conferencia a las primeras horas de aquella mañana. Ésta se llevaba a cabo en un hermoso hotel llamado Crown Plaza Downtown, y vi cómo se llevaban a cabo las previas conferencias. Yo participaba hasta el siguiente día. Pude darme cuenta de cómo debía participar. Llegó el siguiente día y empezábamos nuestro turno junto con la doctora Olko y los demás panelistas. Mi grupo era parte de un panel y yo era el cuarto en participar. Era uno de mis retos más grandes, pues era la primera vez que participaba como ponente. Me armé de valor y después participar me sentí reconfortado, ya que salió bien, un poco nervioso, pero terminé mi exposición. Tenía la impresión de que el público le encantó mi trabajo.

En la noche caminé por el centro de la ciudad. Era un poco fresco según la estación de frío que se aproximaba. Quedé encantado por la ciudad, así como por la sensación de un ambiente intelectual. Por otro lado, también tomé algunas cervezas junto con Carlos, una llamada October Fest. En la conferencia vi a algunos amigos mexicanos y de los Estados Unidos, como Joel, Louise, Carlos y Kelly. Después de la conferencia, una vez que llegaba a Zacatecas, pensaba que cumplí con mi papel como estudiante, pues presenté mis primeros intereses para una futura tesis, y representé mi programa de maestría de mi Alma Mater.

Quedé muy fascinado con esta conferencia anual, que se ha convertido, hasta ahora, como un buen momento para ver a los colegas y amigos y conocer sus intereses académicos. A partir de entonces, asisto a estas conferencias por los últimos 5 años. De hecho, los más recientes se celebraron en Winnipeg, Manitoba, en 2017, y en Oaxaca en 2018, debido que esta reunión involucra como sedes tanto a Canadá y México. Veo estas experiencias académicas como terapias, ya que parece que tengo menos pánico al viajar, estoy superando el miedo escénico, pero lo que más me agrada son las contribuciones académicas que hago mediante mis manuscritos.


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