Enrique Laviada
Enrique Laviada

Le tocó al que esto escribe andar en receso (no de vacaciones) cuando volvió a dar nota un ex gobernador, de nombre Miguel Alonso (e ingratos recuerdos para nuestro estado), quien fue exhibido, ahora en el Senado de la República, por su conocido mal comportamiento.

Lejanos quedaron los tiempos en los que el susodicho presumía, en público y en privado, que gobernaba “el estado más priísta del país”, que era el amo y señor (es un decir) de la abundancia electoral (es ironía), pero que según consta en las denuncia presentadas, también era el protagonista principal de uno de los capítulos de corrupción más bochornosos y lamentables de los que se tenga memoria.

Alonso regresó así a las planas de los diarios, como nunca lo hubiera soñado (ni en sus peores pesadillas), es decir, como una auténtica desgracia para los votantes que depositaron en él su confianza, creyendo que representaba un cambio positivo, que haría honor a sus raíces y traería al estado las buenas nuevas del progreso y tranquilidad.

Nada de eso, ahora Alonso se encontraba, sin remedio aparente, incómodamente sentado en el banquillo de los acusados.

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Ha sido la senadora Geovanna Bañuelos la encargada de subir al Senado un punto de acuerdo para que el caso Alonso fuese atraído por la Fiscalía General de la República (FGR), con el argumento de que las autoridades locales se habían hecho guajes ante las acusaciones formuladas en contra de Alonso, con especial dedicatoria a la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE) de Zacatecas por su “pasividad y ausencia de avances”, nomás como para documentar su mayor descrédito.

Los señalamientos incluyeron que esa actitud omisa conllevaría a consentir la impunidad y, posiblemente, a la repetición de actos transgresores de la ley, la inactividad y la ineficacia.

Los argumentos de la senadora Bañuelos sonaron a “tormenta en el desierto”, pero lo realmente sorprendente es que nadie, lo que se dice nadie, salió en defensa del tal Alonso, (ni de la retardada justicia local), nadie, ni siquiera los aplaudidores de aquellos años de priísmo reluciente, ni los lambiscones ni los oportunistas que tanto lo ensalzaron, nadie lo que se dice nadie.

Al contrario, resulta que el punto de acuerdo con el que toma asiento Alonso en el banquillo de los acusados fue aprobado con los votos de todos los partidos, incluido el suyo (¿?), es decir, el PRI, en un hecho sin precedentes (que yo sepa) y para ejemplo de hasta dónde puede uno llegar (es ironía) con la pena ajena.

De modo que será la FGR la encargada, luego de lo resuelto por el Senado, de dar seguimiento a las carpetas de investigación en las que se da cuenta de los actos de corrupción cometidos por Alonso, lo que incluye a algunos de sus colaboradores e, incluso, familiares cercanos.

La resolución del Senado cancela, creo, las argucias discursivas de Alonso y, de paso, las esquivas declaraciones de su (ex) amigo y sucesor, Alejandro Tello, en el sentido de que sólo se trataba de maledicencias y chismes miserables, para poner las cosas en manos de una justicia que, aun cuando tarde, bien podría llegar sólo para que el acusado deje el banquillo y vaya tras las rejas, dicen.

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Acertijo

Se puede sentir frío en verano.


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