Enrique Laviada
Enrique Laviada

Y nadie lo extraña (no es ironía) como sucedió en el cierre del festival cultural, cuando su presencia podía o no ser efectiva, al caso daba lo mismo, según los rumores que corren en los círculos locales, tan afectos a ese observatorio de las personalidades, sobre todo las políticas o gubernamentales para ser más preciso.

Son muchas las ausencias del gobernador, pero quizá lo peor sea que no importan realmente, me explico, con aquello de que su imagen proyecta todo menos una personalidad, su ausencia es la que confirma la vacuidad de su presencia, lo que es algo en verdad muy penoso.

No lo sé de cierto, pero es posible que alguien aconseje a Tello no aparecer demasiado en público, con el fin de evitar la repulsa popular o evadir alguna amenaza semejante, de manera inútil, pues existen distintas formas de presencia que no necesariamente comprometerían o afectarían a su investidura institucional.

Pero nadie le ayuda.

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Luego entonces es perfectamente posible que mañana, primero de mayo, el día internacional dedicado a los trabajadores y sus luchas reivindicativas, menos, lo que se dice menos, el evento tradicional cuente con la presencia del gobernador Alejandro Tello, y otra vez se ausente.

Por cierto que la personalidad de Tello (sea ausente o presente) no guarda mucha relación que digamos con las clases trabajadoras, es decir, supongo que a los manifestantes les sería por completo indiferente que se encontrara, tal vez, sentado en un palco de honor, convenientemente instalado para ver el paso de los contingentes.

El temor a los abucheos, las rechiflas, las muestras de descontento, las protestas, los reclamos será, creo, suficiente como para explicar una nueva ausencia de Tello, a pesar de que existen muchas formas de encarar el momento, acometer el reto y el riesgo.

Pero nadie le ayuda.

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Es de sobra conocido el distanciamiento del gobernador Tello de la política, eso que extrañamente intenta colocarlo en el panorama como un ciudadano más, de forma un tanto absurda, pero en fin, es su postura desde el primer momento en el que asumió el cargo.

Pero lo peor es que esa impostura política, ahora, sorprendentemente, se acompaña de un extrañamiento de los grupos empresariales hacia su persona, en forma de calificaciones tristemente reprobatorias a su gestión.

Esto es: el gobernador Tello ni es un buen político ni es un agente o impulsor del desarrollo económico de la entidad, en una combinación negativa pocas veces vista, no obstante que existen muchas posibilidades de que su presencia significara confianza para todos los sectores productivos.

Pero nadie le ayuda.

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Acertijo

El dilema es: Ir o no ir


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