Alberto Chiu
Alberto Chiu

Prácticamente han pasado ya tres semanas, desde ese oprobioso miércoles 10 de abril cuando un asesino le arrebató la vida, a balazos, a la estudiante Nayeli Nohemí, y el joven Marcos fue muerto en manos de la Policía de Investigación, ambos en los pasillos de la Unidad Académica de Derecho, de la BUAZ.

Desde entonces hasta ahora, apenas ayer el Secretario General de la hoy Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas, Rubén Ibarra,  informó que hubo una reunión en la misma unidad académica, y que llegaron a la conclusión de que están empezando (apenas) a revisar qué es lo que harán para mejorar la seguridad en la máxima casa de estudios.

¡Dios guarde la hora en que hubieran tenido que interrumpir sus sacratísimas vacaciones para reunirse antes, y hacer una buena lista de propuestas de seguridad antes, y prepararse para el regreso de los alumnos antes! No sé qué piensen ustedes, pero a mí me parece que se perdieron horas, días y semanas valiosísimas.

Horas, días y semanas en las que pudieron haber avanzado en pláticas y coordinación con diversas instancias de seguridad pública, con asesores en dicha materia, con estudio de casos en otras universidades (como aquellas donde también ha habido ataques armados, por qué no), de manera que ayer que regresaron los estudiantes, ya al menos se tuviera un nuevo protocolo de actuación debidamente implementado y estudiado. Pero no.

Ahora piensan que hay que revisar las bardas perimetrales, para subir las que estén muy chaparras, reforzar las que estén de buen tamaño, y construir las que no existen. Ahora creen que sería bueno ponerles un engomado a los autos que entran a sus estacionamientos. Ahora imaginan que poniendo unos arcos de detección de metales podrán disminuir el riesgo de que alguien ingrese con un objeto peligroso. Y claro, además, todo eso cuesta…

Ahora imaginan, como lo dijo el secretario general, que cualquier medida que se vaya a tomar tiene que hacerse tratando de no trastocar la vida “pacífica” y “normal” de la universidad. ¿En qué mundo vivirán?

Alguien, por favor, avísele a las autoridades universitarias que la vida al interior de la UAZ –al igual que sucede en la generalidad de las instituciones académicas superiores– transcurre en al menos dos niveles claramente distinguibles: uno visible, donde se notan muy bien las clases, las entradas y salidas de los alumnos, los hechos en los pasillos, los trámites en las oficinas…; y otro que no se nota, donde hay alumnos que lamentablemente incurren en prácticas irregulares, que van desde el consumo de alcohol hasta el de sustancias ilegales, o incluso hasta otras conductas que podrían atentar contra la seguridad –y la vida– de sus compañeros. Ni hay que cerrar los ojos ni hay que verse tan puritanos.

Como quiera, ojalá no se tarden nuestros universitarios en dilucidad qué carajos harán para mejorar las condiciones de seguridad de toda su comunidad. Porque ya van tarde… y se la siguen pensando.


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