FRANZELY REYNA, CLAUDIO MONTES DE OCA, KAREN CALDERÓN, ALBERTO MORONES Y ALEJANDRO CASTAÑEDA/NTRZACATECAS.COM
FRANZELY REYNA, CLAUDIO MONTES DE OCA, KAREN CALDERÓN, ALBERTO MORONES Y ALEJANDRO CASTAÑEDA/NTRZACATECAS.COM

Estuvieron a punto de romper filas, pero “éste es el único día en el que se le puede rayar la madre al gobierno a gusto” y no lo iban a desaprovechar. “¿El único día, compadre? Para mí son todos”, corrigió un trabajador de la Junta Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado de Zacatecas (JIAPAZ) a otro, en medio de un mar quieto de burócratas atascados en la marcha de este 1 de Mayo.

La jornada inició temprano para ser festivo en Zacatecas. Poco antes de las 8 de la mañana El Cuervo, presumido helicóptero policiaco, sobrevolaba con prisa las periferias del primer cuadro de la ciudad. Era otra persecución que levantó sospechas entre los marchantes sobre un supuesto operativo por las concentraciones de trabajadores, citadas justo a esa hora.

Alrededor del Centro Histórico hubo uno o dos despistados por el bloqueo de las avenidas. Muchos más eran los inconformes: automovilistas reclamaban que sólo pretendían honrar el Día del Trabajo “por los que sí tenemos que trabajar”. Sin embargo, el cerco fue inquebrantable, lo que aumentó el descontento con los tránsitos, encargados de custodiar el evento.

Los primeros en llegar fueron los repartidores oficiales de camisas de tallas grandes, de gorras, chalecos y chamarras para distinguirse, porque “no es lo mismo ser de la SAMA (Secretaría del Agua y Medio Ambiente) que de la Secop (Secretaría de Obras Públicas)”; cargaban cajas y bolsas abultadas hasta los sitios acordados: la explanada del Congreso, la Fuente de los Conquistadores, la Alameda y la Escuela Normal, principalmente.

Después se vieron las familias. Abuelos con sombrillas, madres y padres, varios hijos y niños en carriolas. Los pequeños grupos avanzaban y en un punto se quedaba el papá, luego la mamá con los niños, luego los hijos, cada uno al pase de lista que le correspondía.

Los cafés Andatti tomaron una de las sedes: se repetían entre los montones de agremiados del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), quienes hacían tiempo con plática mientras disimuladamente movían las piernas con ritmo, porque ¿quién se resiste a El ataque de las chicas cocodrilo?, que sonaba desde las bocinas afuera del Palacio Legislativo.

Aquello era una “fiesta sindical”, celebró la lideresa Soralla Bañuelos. La ex diputada del extinto Partido Nueva Alianza (Panal) arribó tarde, partiendo plaza, pero con tiempo suficiente para selfies de ocasión; cumplió una improvisada agenda de atenciones y tomó el micrófono para alzar los ánimos de los espectadores (la mayoría maestros) que a su vez intentaban memorizar el acordeón de consignas.

El mitin siguió en tanto, desde la calle Elías Amador hasta la Fernando Villalpando, otros gremios ya estaban acomodados, con la banda de música del estado a la cabeza y listos para marchar, lo que no perturbó a la dirigente para continuar su discurso. La Marcha Zacatecas rompió la boruca y, dirigido por una patrulla de Seguridad Vial, el contingente avanzó.

Pero no llegó lejos. Apenas unos metros y desde adelante el alto total llegó tarde a los de en medio y el impulso se hizo más atropellado hacia atrás. La fila se engrosaba por el aglomeramiento de personas y, mientras los manifestantes buscaban hacerse espacio, los tránsitos pasaban de radio en radio el reporte de un bloqueo al bloqueo de calles.

Los disidentes, aunque poco numerosos, lo hicieron de nuevo: habían avanzado por la avenida Juárez a la Hidalgo, con un grupo de mujeres al frente, quienes exigían respeto a sus derechos con mensajes en pancartas. Integrantes del Sindicato Independiente de Trabajadores del Estado de Zacatecas (SITEZ) avanzaron con rechiflas y mentadas contra el gobernador Alejandro Tello Cristerna y el líder del sindicato “charro”, Miguel Toribio Bañuelos.

“Tello, ratero, no chingues al obrero”. “Gobernador, entiende: el trabajador no te quiere”. “Tello nos dijo: ‘ni marchas ni plantones’; aquí le demostramos que somos más cabrones”. “Ésos son, esos son, los que chingan la nación”, y los dedos apuntaban a La Casa de los Perros. Al pasar la Plaza de Armas, los independientes toparon con los grupos oficiales.

Dejaron pasar a los telefonistas y a los del Sindicato del Personal Académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas (SPAUAZ) sin problemas e incluso con ellos intercambiaron botellas de agua, en gesto de “solidaridad”. Después cerraron el paso. Alejandro Rivera Nieto, líder del SITEZ, gritó: “marchamos en contra de un desfile organizado por el gobierno del estado, por esos sindicatos charros y oficialistas”.

El director de la Policía Vial, Oswaldo Caldera Murillo, se abrió paso en la escena rápidamente y le advirtió a Rivera que estaba a punto de encontrarse con el Sindicato Único de Trabajadores al Servicio del Estado, Municipios y Organismos Paraestatales (SUTSEMOP), por lo que le pidió calma. El líder disidente se negó y acusó amenazas de antaño, a las que respondió:

“La condición es que ese cabrón [Bañuelos] se disculpe con la clase trabajadora. No vamos a permitir que un líder charro, vendido, sumiso, nada más esté atacando a la gente. Si agreden, vamos a agredir”. Caldera Murillo insistió en la negociación y, ante las negativas, ordenó parar la marcha del SITEZ para correr ahora hacia los oficialistas, en una carrera contra confrontaciones.

En el transcurso Rivera Nieto recibió una llamada del subsecretario de Concertación Ciudadana de la Secretaría General de Gobierno, Erik Fabián Muñoz, quién volvió a insistir: “échenos la mano para que el SUTSEMOP pudiera continuar con el rumbo”. El recién estrenado funcionario falló.

Sin embargo, el no repetitivo pasó a ser una solicitud de una mesa de negociación, en la que el punto a tratar sería un aumento salarial, aunque “no puede ser parejo, porque no se puede, y ahorita ya se les dieron las condiciones a todos los trabajadores”. Se asomó entonces un “en la tarde nos sentamos” y el compromiso se estableció.

El líder de los independientes cedió y se dio la vuelta, no sin antes recordar que el secretario general de Gobierno, “Jehú Salas Dávila, no tiene los pantalones para hablar”. En ese momento, los alcanzó el grueso de SUSTEMOP, con chispas de provocación que no lograron encender. El SITEZ terminó en un mitin donde pobladores de Salaverna, Mazapil, reclamaban que las ganancias de la minería no son para el estado, sino “para Carlos Slim o para Canadá”.

Mientras, en la calle paralela lo que encendía era el calor. Los manifestantes que quedaron amontonados por el bloqueo habían formado una fila delgada hasta estar cubiertos, la mayoría, por la sombra de los edificios. Unos entraron a los cafés cercanos y la negociación en el topón les dio chance de hasta desayunar. Otros cortaron tramo por los callejones y se adelantaron a Plaza de Armas.

“Que hay otra marcha”. “¿Cómo que otra?”. “Sí, la de los independientes”. “¡Ah, qué chingados!”, lamentaban de pie. Cuando pensaban desistir, dos hombres levantaron la voz: “Anímense, que al cabo el bono les va a llegar igual: como tubería de la JIAPAZ, con puro aire”. “Los sueldos del DIF no sirven pa’ vivir”, coincidieron los del organismo encabezado por Cristina Rodríguez. Y los que estábamos entre las carcajadas comenzamos a sentir que la masa humana se movía.

Entre los montones, el SNTE se quiso abrir paso con poca organización, por lo que “a la cola” fue a dar. Luego a apretar el paso hasta Catedral, porque el Sol ya iba a pleno. En la explanada, frente al Palacio de Gobierno, ya estaba listo para recibirlos el director del Instituto Zacatecano de Educación para los Adultos (IZEA), Carlos Peña Badillo, quien aprovechó para montar su más reciente campaña, pero de fomento a la lectura.

Los libros regalados desaparecieron, entre los termos, también regalados, las camisas, chalecos y cachuchas, hasta que alguien gritó que los jefes estaban repartiendo ya los boletos con los que los trabajadores de salud tendrían que probar su asistencia a la marcha, por lo que éstos corrieron para alcanzar.

El contingente se disipó en la fila de gorditas de a 10, los semilleros y el señor que no perdió oportunidad y ofrecía sus productos con un “se ve, se siente, las gelatinas están presentes”. Además de camiones de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), un grupo reducido de obreros terminó la marcha y, detrás de todos, las hormiguitas del Ayuntamiento de Zacatecas seguían el camino levantando a escoba y recogedor la basura que quedaba.

Fotos: Antonio Bernal y Hugo Leandro

 


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