Enrique Laviada
Enrique Laviada

¡Este charro sí se ve! Es el sonoro grito de un aguerrido integrante del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), pues animados por el regreso de Elba Esther Gordillo, al millar desfilaron con su habitual lista de consignas, todos bien disciplinados, mostrando su fuerza, se entiende que no sólo laboral, sino ésa que produce dividendos electorales, son los mismos que antes marchaban, con absoluta lealtad, detrás de las siglas del PRI y, ahora, luego del desgarramiento y la crisis y la debacle, buscan su propio espacio, es en serio cuando dicen: Uno somos todos y todos somos uno.

Tello, Tello donde estés tuturutututu…Con la insolente cantaleta, que se repite una y otra vez, nomás por joder, un grupo compacto de sindicalistas, agrupados en el Sindicato Independiente de Trabajadores del Estado de Zacatecas (SITEZ), se deja ver y hace la diablura de taponar la calle por donde deben entrar los contingentes del todavía llamado desfile oficial, hasta que los emisarios de la dependencia que no funciona, siempre atentos (es ironía), logran convencerlos de que se hagan a un ladito para dejar el paso libre, luego, una llamada telefónica basta, y luego dejan pasar a los oficialistas, con quienes, faltaba más, comparten la cantaleta.

Tlachicoleros en JIAPAZ. Eso denuncian a voz en cuello los trabajadores de la dependencia, todos con pancartas, porque en el organismo encargado del agua abundan los directivos rateros, puro aire dejaron en las tuberías, saquean el presupuesto, se asignan sueldazos, “son una mafia en el poder” (ninguna novedad), mientras la base trabajadora sufre y se acongoja, pero no se deja, y a gritos asegura que los empleados están en pie de lucha, hasta donde tope, eso dicen.

Que nos gobiernen las putas… ya que sus hijos no han sabido hacerlo. Lo escrito, escrito está en la pancarta del día, quien la porta hace todo lo posible por aparecer en la foto, pero también se cuida de cubrirse el rostro con ella, no vaya a ser la de malas.

Unos cuantos obreros. En medio de un mar de empleados de gobierno, camina casi en silencio un reducido grupo de trabajadores manuales de la Corona, obreros, de esos llamados proletarios, o sea: los que fabrican la cerveza más vendida, en una de las plantas más grandes del mundo.

Pinche gobierno. Así se resume el descontento, reclamo consabido, aunque por primera vez, no se sabe a cuál gobierno se refiere, o tal vez cómo repartirlo entre los distintos niveles gobierno, para encontrar la proporción necesaria, y así saber a quién cargarle lo principal de la frustración, las desgracias del atraso, los míseros salarios, las imposiciones, el despotismo, la inseguridad, los abusos y tantas otras chingaderas…

Corre por tu boleto. Al final, en completo desorden, pero sin faltar la alegría y el entusiasmo, los empleados del sector salud hacen fila, más bien boruca, para recibir su boleto y les pinten el dedo gordo de la mano, como constancia expedita de que asistieron al desfile del Primero de Mayo, lo que es requisito indispensable para cobrar un día más de su menguado salario, lo que sea es bueno, ¡a correr por el boleto!

 

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Acertijo

Cualquier semejanza con la realidad es mera deficiencia


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