Enrique Laviada
Enrique Laviada

Con la novedad, estimado lector, que el gobernador Alejandro Tello como para salir a las críticas de quienes lo vemos ausente, se organizó un evento en un conocido hotel de lujo de la ciudad (el único) y que se descose, casi haciendo la declaratoria de que Zacatecas es una zona de desastre.

Empezamos con la declaración del titular del Ejecutivo de que el proyecto de la presa Milpillas se encuentra en riesgo, que los obstáculos para construirla son inventados (no se dice de parte de quien) y que una inversión tan importante puede perderse y con ella la oportunidad de resolver, en gran medida, los problemas de abasto de agua, sobre todo en la zona conurbada de la capital.

Por cierto que al evento estuvieron invitados algunos directivos del grupo Modelo, a quienes de paso les advirtió que el agua, si acaso se llegara a construir la presa, no sería para consumo industrial, sin que se entendiera el sentido de su aclaración no pedida o los alcances del subconsciente manifiesto.

Me comentan que de ahí se pasó al tema de Peñasquito, para confesar que, de plano, no pueden con Narro, posible autor intelectual de un conflicto que literalmente ha paralizado el sistema de pagos que existe con diversos proveedores de la minera y que, incluso, pone en jaque las inversiones del grupo transnacional Newmont Goldcorp (la alianza de capitales estadounidenses y canadienses más poderosa del mundo en su ramo) sin que existan visos de solución.

Pero ya en plan de descoserse, el gobernador Tello, volvió a “lamentar” las terribles condiciones de inseguridad y violencia que padecemos, se preguntó a sí mismo cómo diablos pensar en nuevas inversiones en semejantes circunstancias, compartiendo (fiel a su costumbre) tales aflicciones con sus invitados, pero conservando la esperanza de que algún día llegue la Guardia Nacional, y entonces empecemos a tratar de ver cómo, quizá, sea posible remediar o al menos contener tan terrible mal.

De paso, recordó el gobernador Tello que muchos de los problemas que nos agobian son responsabilidad de la federación, nunca tan lejos como ahora, tan distante, tan difícil de entender, aportando en calidad de botón de muestra que ya estamos en mayo y el estado no cuenta con recursos para pagar a los maestros ni mucho menos para resolver el llamado déficit educativo, en el conocido cuento de nunca acabar.

Y como el gobernador se descosía en la relatoría de los asuntos sin solución, no podía faltar el tema del fondo minero, que como se sabe sufrió modificaciones legales de fondo para su distribución y aplicación, lo que motivó que Tello, en su calidad de presidente de la comisión  de minería de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), expresara cuánto lamentan los estados semejante decisión y por ello exigió un mejor trato y una mesa de negociaciones para resolverlo, sin que hasta el momento su clamor encuentre respuesta alguna.

Y para no dejar nada en el costal, a Tello le vino en gana exhibir las peripecias que debe hacer en el Congreso local, donde no tiene muchos aliados que digamos, y su suerte depende de los integrantes de la bancada de Morena, tal vez más que los de su propio partido (¿?) el PRI, quienes por lo pronto, este jueves, prefirieron acompañar a Ivonne Ortega, o sea desahogar su propia agenda, aunque el gobernador también lo lamente.

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Acertijo

Todo lo que parece un engaño con apariencia de verdad.


Nuestros lectores comentan

  1. El desayuno fue organizado por Yaco Reimers y otros empresarios entonces si usted no tiene buena relación con ellos pues cae en impresisiones porque no tiene quien le informe como estuvo todo.

  2. Pues si, mucha crisis y mucho lamento pero su señora esposa anda desatada organizando fiestas populistas sin ton ni son. Si hay austeridad que se apliquen o de lo contrario que deje de lloriquear por las cuatro esquinas.

  3. Anda perdido porque el desayuno fue organizado por la iniciativa privada la cual invitó al gobernador, cómo se nota que no tienen contactos ni siquiera con este sector para que les pasen bien los chismes o de plano se le durmio el gallo al columnista.