Enrique Laviada
Enrique Laviada

Como lo prometido es deuda, resulta, estimado lector, que las huestes dirigidas por José Narro se movilizaron hacia la capital del estado, para dejar constancia de que, así lo gritan, están en pie de lucha y resistirán el tiempo que sea necesario hasta obtener la solución a sus demandas.

Cabe mencionar (clásica formulación) que el susodicho senador Narro, al momento de las movilizaciones, se encontraba en la ciudad de Washington D.C. y tal vez haciendo gala de su posición actual, expresó a través de sus redes sociales que “se acabaron los privilegios para las mineras, las que piensan seguimos siendo una colonia y que pueden saquear a nuestro país”, dijo, con la evidente intención de que se sepa que los tiempos cambiaron y “ningún extranjero tiene derecho a hacerse rico a costa de la destrucción y la devastación de las comunidades”, y atórenle.

No hace falta mucha perspicacia para concluir que, el discurso de Narro, se apoya en el presidencial de todas las mañanas, esto es, se trata de un radicalismo verbal que parecía pasado de moda, pero ahora adquiere la patente nacional del poder.

Los alardes nacionalistas de Narro son, pues, el ingrediente perfecto para sus planes, no sólo en el estado, sino al incidir en una cantidad importante de conflictos similares (o conexos) al de Peñasquito, y sucede que ni las empresas mineras lo entienden ni los gobiernos han calculado de manera cuidadosa sus consecuencias.

Es más, en el caso del gobierno de Tello, se observa que no existe ni una remota idea de la escala del conflicto, mientras se coloca en calidad de bulto a su secretario de Gobierno, Jehú Salas, inútil, tal y como lo comentábamos ayer en este mismo espacio, y, hoy, mediante un boletín de prensa, nos hacen el favor de confirmar, reiterando que el gobierno estatal “está en la mejor disposición de promover el diálogo entre las partes” y un etcétera que ya ni vale la pena reproducir.

La marcha de Narro, por cierto, tiene ritmos y pausas, por lo pronto ya llegaron hasta la Plaza de Armas y el Congreso local, en lo que parece una primera demostración de fuerza o el principio de una estrategia que puede durar meses, y en la que habrán de combinar la presión y la negociación, de menos a más, en cualquiera de los extremos.

Sin embargo, lo verdaderamente novedoso, lo que sería absurdo omitir, es que ahora, es decir en el arranque de la llamada Cuarta Transformación (4T), las presiones se dan y reparten en el plano local, mientras las negociaciones, las que valen, se realizan en la capital del país, dado el extraño centralismo al que regresemos, directo y sin escalas, en estos contradictorios tiempos.

Sea que tal vez por ignorancia o desprecio por la política mexicana, la transnacional NewMont-GoldCorp, no aprecia el cambio en las reglas del juego, sin pensar que muy probablemente, a final, el saldo del conflicto, podría ser negativo para ellos y entonces verse obligados a ceder y dar marcha atrás, sin plena conciencia, y haciendo un gran favor a Narro y su pandilla (no es ironía), justo de espaldas a la realidad.

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Acertijo

Cría cuervos y tendrás lo que mereces.


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