Alberto Chiu
Alberto Chiu

La compañía cervecera Grupo Modelo, de Anheuser-Busch InBev, asentada en Calera de Víctor Rosales, tal como ha sucedido con muchas otras grandes empresas (sobre todo las del rubro extractivo, como Peñasquito de Newmont Goldcorp y otras) presume, como siempre, que es una empresa comprometida con el medio ambiente y por eso destina a la remediación ambiental ¡menos del 1 por ciento de sus ganancias!

No es una novedad, sin duda. Así lo hacen estas grandes compañías que, aprovechándose de los recursos naturales disponibles en sus asentamientos, en realidad dejan sólo migajas para aquellas acciones que, se supone, deberían reponer en algo al menos la devastación causada por el consumo de esos mismos recursos, principalmente el agua.

Igualmente podríamos estar hablando también de la flora y la fauna locales, la modificación de climas y microclimas presentes en las zonas geográficas de sus asentamientos, el abatimiento (o la contaminación) de fuentes hídricas, la desaparición de especies endémicas, y en fin, la modificación de los ciclos de la vida natural que, lamentablemente, luego suelen terminar en catástrofes ecológicas.

Baste echarle un ojo, a la distancia, a lo ocurrido por ejemplo con la minera Real de Ángeles y toda la zona geográfica de Noria de Ángeles y sus alrededores. Muchas promesas de repoblación forestal, de contención de los jales, etcétera. Y nada. Sólo deudas ecológicas y hasta de salud que perviven por décadas.

Para el caso de Grupo Modelo en Calera, se insiste en que hay una fuerte inversión de recursos en remediación ambiental. Se reitera que todo está hecho de acuerdo a la norma vigente, y todo sancionado y verificado por las instancias ambientales del gobierno, que dan su aval. Y sí, seguramente así lo es, todo en la normativa y en la ley. Pero… ¿es lo suficiente o lo necesario? Creo que no.

Resulta por demás curioso, como lo hemos señalado en otras ocasiones, que en otras latitudes mundiales estas mismas grandes empresas destinan un mucho mayor presupuesto de sus ganancias tanto a las cuestiones ambientales como a las administrativas y a las de apoyo social, a cambio de continuar con sus actividades productivas. Pero seguramente ello se debe a unas más estrictas y exigentes legislaciones de aquellos países, que les obligan a “tratar mejor” el lugar donde llevan a cabo sus actividades.

Vamos, que se hace realidad el dicho aquél de que “nadie defeca en el lugar donde come”… excepto aquí, donde la experiencia nos muestra que estas empresas hacen usufructo de nuestras riquezas y recursos, hasta que se acaban. Y una vez agotados, pues simplemente se van a otro lado a seguir con su actividad, dejando atrás una estela de putrefacción, enfermedad, erosión, y pobreza.

No se trata de que cumplan “justito” con la ley. Sino de que hagan lo necesario para ir más allá y remediar, realmente, el medio ambiente del que hacen uso y obtienen ganancias multimillonarias, para que quienes aquí nos quedamos podamos seguir viviendo, aun cuando las empresas se vayan.


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