Enrique Laviada
Enrique Laviada

Fueron los diputados de Morena quienes festejaron que, ayer domingo, quedase enterrada para siempre la “mal llamada Reforma Educativa” y en su lugar fuese aprobada la reforma de los tiempos de la Cuarta Transformación, es decir, la reforma impulsada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, al parecer sin mucha sustancia por la cual podamos compartir su entusiasmo.

En efecto, en una sesión dominguera, no suficientemente esclarecidas las razones de su apresurada convocatoria, Zacatecas se convirtió en el sexto estado en aprobar, a través de su Congreso local, la reforma enviada para tal efecto por el Congreso de la Unión, en lo que parece ser un procedimiento de trámite.

Sin embargo, los diputados del PRI insistieron en que la nueva reforma sólo consistía en un perfeccionamiento de la que en el sexenio anterior se había alcanzado, por eso su voto favorable, aunque no fuesen tampoco muy claros sus argumentos, lo mismo que sus colegas en las Cámara de Diputados y en la de Senadores, tan desdibujados como hasta el momento se encuentran.

De lo que queda del PRD hemos obtenido, casi por definición, las mismas declaraciones abstractas y rondas contradictorias que son comunes en los estertores políticos de lo que alguna vez fue la principal fuerza política de la izquierda en el país.

Y por desgracia, no hemos tenido de las actuales autoridades educativas, en particular me refiero al secretario del ramo, Esteban Moctezuma; tampoco, claridad completa en los criterios que hacen la diferencia entre ambos procesos legislativos y la obligada construcción institucional que debe corresponderles.

De modo que la reforma de AMLO cumple con su compromiso de eliminar la evaluación educativa, por considerar que se fundaba en principios punitivos, es decir, que fue creado para lastimar los derechos de los maestros y en lugar del INEE se creará el Centro Nacional para la Revalorización del Magisterio y la Mejora Continua de la Educación, del que sabemos es diferente por el largo de su nombre, y que no reprobará a nadie y estará formado por todos los sectores educativos, sin que hasta el momento sepamos cómo habrá de funcionar, pero ya es compromiso cumplido.

Lo que sigue en materia constitucional para la reforma de AMLO es la integración de conceptos y formulaciones tales como equidad, inclusión, excelencia e integración, que suenan muy bonito, pero carecen de contenidos explícitos, al parecer sólo suficientes como para apaciguar los ánimos de todos los que sabían que no querían la reforma de Peña, y punto y aparte.

Destaca, desde luego, la declaración de principios que habla del cuestionamiento a “la educación pobre que reciben los pobres”, para sustituirla, por supuesto que por decreto, con una educación de excelencia para los pobres y suponemos que para todos los demás que no entran en la definición de la estructura de clases (es ironía) producida por los intelectuales al servicio del actual régimen.

A eso le sigue, en las flamantes tesis del cambio constitucional, conceptos como la “creación de contenidos regionales” que acerquen la enseñanza que se imparte a los contextos locales y sus condiciones de desarrollo, lo que recuerda, sin duda, los sabores y los olores de la educación en los tiempos de Luis Echeverría, supongo que por mera casualidad.

Y, al final, como para dar el toque inconfundible de la Cuarta Transformación, aparecen en todo su esplendor las becas “Benito Juárez”, cuyo universal reparto es la base del nuevo modelo educativo, dicen.

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Acertijo

Falta saber quién reparte las plazas, los asensos y las prebendas.


Nuestros lectores comentan

  1. De fondo no abordan la reforma no hablan de como será el modelo pedagógico ni como será el ingreso la promoción y reconocimiento

  2. René De Jesús Herrera

    La moral, los valores, el civismo, etc., conforman un “deber ser” del comportamiento ciudadano. Se espera que el modelo educativo tenga los mecanismos teóricos y metodológicos necesarios para indexar el pensamiento individual, con el objetivo de promover la armonía entre las diversas formas de pensar, con el objetivo de promover la igualdad en la diferencia.