Enrique Laviada
Enrique Laviada

El reportaje que presentamos a los lectores en nuestra edición de hoy acerca del derrame de materiales peligrosos en la mina San Martín, ubicada en el municipio de Sombrerete, pone al descubierto que el derrape de las autoridades puede llegar a ser tan grave como el hecho mismo que narramos, con todos los elementos y las fuentes que deben acompañar a este tipo de trabajos periodísticos.

Lo primero que salta a la vista es que nuestras autoridades de los distintos niveles siguen practicando el conocido deporte que consiste en pasarse la pelota entre sí, con tal de no asumir la responsabilidad que a cada quien le corresponde, de modo que en un ir y venir de declaraciones, nos han dejado en claro que seguimos en las mismas y los cambios anunciados todavía tendrán para rato, mientras la alta burocracia siguen depurando la técnica de dar bolita.

El caso es que con el derrame minero no deja de sorprendernos que los representantes de la secretaría federal, supuestamente encargada de cuidar el medio ambiente, dediquen su mejor esfuerzo a minimizar el problema e incluso ocultar su gravedad, no sabemos si por propia iniciativa o por que la empresa Minera México les ha obligado a cometer semejante barbaridad, por el bien de la industria (es ironía), aunque pasemos a una catástrofe o un ecocidio no calificado en su momento.

Del derrape de unos pasamos a los otros, también supuestamente encargados de la procuraduría ambiental, siempre tan rigurosos a la hora de esperar los resultados de ignotos laboratorios y pruebas que llevan siempre tiempo, en lugar de presionar por oficio, es decir, por la obligación que les confiere su labor sustancial, la de guardianes (no es ironía) del patrimonio ecológico y la salud de las comunidades, dejando la protección a merced de tecnicismos y ambigüedades.

Eso en lo que se refiere a la parte federal, pero tratándose de sus pares en el estado, todo adquiere las dimensiones de la mediocridad a la que casi nos han acostumbrado (es ironía), al verse rebasadas, una y otra vez, por los problemas que nos aquejan, por cierto, en una liga menos, pero no menos enjundiosa dedicada al pase de la pelota, para evitar, suponemos, verse tan, pero tan mal como realmente se ven.

Quiero pensar que el gobernador Alejandro Tello todavía no está enterado de los daños ecológicos que muy probablemente se deriven del derrame ocurrido en la mina San Martín, pues no se ha dado a conocer postura alguna de su parte hasta ayer, tampoco se sabe de alguna instrucción de su parte al respecto, ni si acaso tiene contacto con las autoridades federales o con la senadora Geovanna Bañuelos, presiente de la Comisión de Minería del Senado, o con el senador Napoleón Gómez Urrutia, quien ha hecho duras declaraciones acerca de lo sucedido, como consta en nuestro reportaje, vaya, ni siquiera sabemos si tiene comunicación con sus funcionarios.

Por cierto que, todo esto, podría agregarse a las tribulaciones del gobernador Tello (no es ironía), debido a que todavía funge (es un decir) como presidente de la Comisión de Minería de la Conferencia Nacional de Gobernadores, qué cosa.

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Acertijo

No era cuestión de simplemente firmar.


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