Enrique Laviada
Enrique Laviada

Desde el fin de semana circularon en redes sociales fotos de Cristina Rodríguez, luego se sabría que fueron tomadas para la revista Gente In, dedicada a los eventos y fiestas de sociedad; una en particular atrajo la atención, en la que se observa a Cristina, de cuerpo entero, con un vestido en apariencia elegante, color blanco, con un cuello asimétrico, zapatillas de tacón, también en color blanco, pero salpicadas en plata, mostrando un gesto serio y una sonrisa apenas forzada. El maquillaje, muy a su estilo, deja ver un exceso de rubor en las mejillas, el color de los labios y parpados en tono rosa, cabello resuelto en rulos color castaño, las uñas al natural, su anillo de matrimonio y una pulsera de hilos para la buena suerte. Su figura está de pie junto a una silla de color gris, vacía, y apoyando su mano derecha en el respaldo, su mirada se encuentra visiblemente fija en la lente de la cámara, intenta posar y, quizá, pretende mostrar todos los simbolismos que pueden derivarse de la escena.

No hace falta mucha semiótica para concluir que la estampa de la esposa del gobernador tiene el sentido de la fuerza y la seguridad de una mujer que sabe y quiere enfrentar los retos de la vida, tanto en la parte íntima y personal, como en la pública, con todas las consecuencias políticas del caso, incluida la muy adelantada sucesión gubernamental.

La mano firme de Cristina, ésa que algunos integrantes del diezmado PRI ven como una cualidad indispensable, hace que la imagen se convierte en un claro mensaje: es una especie de confirmación de aquella declaración con la que aseguraba, sin temor a equivocarse, que si ella quisiera ser candidata podía chingarse a todos los demás aspirantes, así lo dijo en lo que para algunos fue un despropósito discursivo, pero para otros una muestra de sinceridad y lenguaje directo, casi un aviso o tal vez un llamado a cerrar filas para enfrentar a sus verdaderos enemigos. Cristina está de pie, con el debido porte y el valor suficiente para dirigir al gobierno e influir en las decisiones de su partido, a la sazón de los actuales tiempos. En su gesto se aprecia el gusto por el poder. Ella sí es política, lo sabe, lo disfruta e incluso parece completamente dispuesta a expresarlo con su lenguaje corporal, lo mismo al encabezar reuniones con integrantes del gabinete, en los actos públicos, durante los recorridos y las inauguraciones, o donde quiera que se pare. Es Cristina la que entra en los debates, la que se mete donde le dicen que no debe meterse, la que discute con quien sea a través de sus cuentas de feisbuc o Twitter, hasta con el presidente de la República. Ella es la que asume el costo de ejercer el gobierno. Se sabe que tiene su propia opinión en los más diversos temas. No se siente cómoda con ser sólo la esposa del gobernador, prefiere ser ella misma, aunque sea alto el precio. Quizá por eso haya posado junto a una silla vacía, el simbolismo más demoledor que pueda existir para referirse al vacío político, lo que remite sin remedio a las penosas ausencias del gobernador, su marido.

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Acertijo

Para ser hay que parecer y, desde luego, querer.


Nuestros lectores comentan

  1. Roberto Robles Mendoza

    Entonces lic. el llamado para ayudar a Tello, que hizo doña Amalia García, debe ser mejor para Cristina?……….su análisis excelente….o como se debe entender?

  2. Martha Ramirez Gallegos

    Me parece una mujer vacia. Adelantada. Se parece aa Marthita Fox. No me gusta esta señora