*Pedro de León Mojarro
*Pedro de León Mojarro

Es mucho lo que se puede decir del primer semestre del gobierno de López Obrador.

Lo más criticado invariablemente han sido la cancelación del aeropuerto en Texcoco; la refinería en Dos Bocas, el Tren Maya, el despido de miles de funcionarios del gobierno federal; así como la facilidad con la que en las “mañaneras” se descalifica al que se ponga en frente.

Lo que nadie pone en duda es la perseverancia, el tesón y la convicción de combatir la corrupción del presidente.

A seis meses de gobierno, la aprobación del presidente ha caído 10 puntos, lo que significa una advertencia clara de que algunas decisiones estrictamente personales, aun dándoles el beneficio de la buena fe, no han sido las mejores.

A seis meses de gobierno, ni los críticos ni el presidente pueden acreditar fehacientemente su dicho; lo que es subyace es que no han sido la racionalidad, el análisis económico y el beneficio o daño al medio ambiente lo que ha prevalecido en decisiones importantes de la 4T.

Los programas sociales basados fundamentalmente en el apoyo directo cuentan con muchos recursos, pero, a seis meses de gobierno, el beneficio no se ha visto; son muchas más las críticas porque “los beneficios no llegan, o llegan incompletos y el padrón excluyó a varios”, como recientemente se lo dijeron al presidente en el municipio El Nayar, Nayarit.

Los apoyos sociales se decidieron y surgieron con un vicio de origen que fue el levantamiento de los padrones, mismo que se hizo con más voluntad que con rigor y apego a una metodología y validación social.

Las decisiones del presidente indudablemente han impactado en la economía del país. Los empresarios están temerosos y en Pemex, nuestra mayor riqueza, la moneda está en el aire.

A seis meses de gobierno, como lo han expresado varios analistas, el enemigo principal del presidente es AMLO; el combativo, el luchador tenaz, el que reacciona a cualquier comentario que discrepe de él. El que reivindica su derecho a debatir, a expresar y a argumentar su verdad como cualquier ciudadano, aunque ahora él es presidente de la República.

A la vuelta de seis meses, por lo que se ve sólo cabe esperar un milagro para hacer que el presidente escuche y atienda comentarios y opiniones que abonen a que la 4T se convierta, en el siglo 21 en el nuevo movimiento de la Ilustración que en el siglo 18 defendía la razón, el conocimiento y la educación como bases del progreso social.

Ése es el debate que muy fácilmente puede impulsar y abrir el presidente con su incuestionable liderazgo, aunque algunos lo pongan en duda.

La racionalidad que promovía el movimiento de la Ilustración, indudablemente es lo que le daría carta de naturalización a la 4T y para eso lo único que se requiere es que el presidente le dé las gracias a López Obrador que lo llevó a la presidencia y se asuma como el líder y el estadista que puede y debe ser para lograr la transformación de México.

A seis meses de gobierno, más aún ante las amenazas internas y externas, es absolutamente necesario que el presidente haga un alto en el camino, atempere la velocidad en sus decisiones y que con la razón y el derecho tome las que más convengan.

Más allá de AMLO, los enemigos del presidente (corrupción, impunidad, inseguridad, desigualdad social) son perfectamente abatibles bajo los principios de la unidad nacional, el imperio de la ley y el liderazgo del estadista que deseamos sean.

 

 

*Coordinador Estatal del Movimiento Nacional Ruta 5

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