Felipe Andrade Haro
Felipe Andrade Haro

Crónicas Rancheras (2)

Ésta es una de tantas historias, tan comunes y tan cerca de nosotros, que parecen la pura neta. Pero la realidad es más méndiga. Chale.

Se organiza un cortejo fúnebre para despedir a un reconocido artista plástico de talla mundial, oriundo de nuestra tierra.

–Heliodoro: Oye, compadre ¿por qué hay tanto chiquillo en la calle?

–Cornelio: Pos me dijeron que porque se murió un pintor y que le van a hacer un homenaje muy al estilacho de nuestras republicanas autoridades.

–Heliodoro: ¡Ah chingá! ¿En serio? Yo me acuerdo que cuando se murió el Gordo Tobías, apenas alcanzaron a comprarle un cajón muy feo.

–Cornelio: ¡Ay, pinche compadre tan güey! El Gordo Tobías era pintor de brocha gorda y este cuate es un artista, pintor de cuadros de ésos que nadie entiende, pero que dicen que son muy fregones en todo el mundo. Bueno, un cuadro del finado es más caro que todas las casas y bardas que pintó el Gordo.

–Heliodoro: ¡Ah pos güeno! Yo no sabía, compadre, apenas terminé el tercero de primaria.

–Cornelio: Pos yo lo supe cuando fui de mesero a una fiesta que hubo ahí, en los jardines del museo que lleva su nombre. Andaba sirviendo las cubas, cuando escuché a un señor de barba, que les platicaba a otros que este pintor viajó por todo el mundo y que juntó muchas cosas para hacer su museo. Y que hay muchas máscaras.

–Heliodoro: ¿En serio? Hay que ir, compadre, a lo mejor están las del Santo y el Mil Máscaras.

–Cornelio: ¡Ay, pinche compadre tan ignorante! No de esas máscaras, sino de las otras, como las que usan los de las danzas.

–Heliodoro: Uta, ya me había emocionado. Pero hay que ir, para verlas y que no me trates de palurdo. Así tendré que contarles algo a mis nietos.

–Cornelio: Sí, yo todavía voy a varias fiestas, como mesero, claro. Te llevo y entras para que las veas.

Los compadres siguen platicando mientras se va juntando la gente en torno al féretro del finado artista. La banda toca y toca y los chiquillos comen paletas y raspados, porque el calorón está a todo lo que da.

–Cornelio: Mira, compadre, ahí van nuestros políticos. Yo creo que tampoco entienden mucho de pintura, pero los trajeron a hacer bola y a tomarse la foto. Mira al diputado aquél, va bostezando. Y mira al secretario platique y platique. Cuál pinche respeto a los muertos, éstos vinieron al chisme.

–Heliodoro: Como en el velorio del Gordo Tobías, puros chismes y chistes. Me acuerdo que dijeron que como pintor era muy malo y que tenía su segundo frente, por eso le echaba más agua a la pintura. Y era pintura de la más barata, pero la cobraba como si fuera de primera. Por cierto, ahora que me acuerdo, nunca me regresó una escalera que le presté. Pinche Gordo trácala.

–Cornelio: Ya párele, compadre, tenga respeto por los difuntos. El Gordo era transa, pero era buen cuate. Bien que se tomaba las cheves que nos invitaba. ¿Ya viste? Esas señoras de atrás van chille y chille.

–Heliodoro: ¡Uy, compadre! ¿Cuándo has visto un sepelio sin llanto? Se me hace que las contrataron para chillar. Lo bueno es que no hacen tanto escándalo como las que vimos con el Cebollas Ampudia. Ésas sí chillaban de a deveras.

–Cornelio: Ésas las contrató su señora, que para darle más caché al velorio. ¿Qué te parece si nos vamos a echar una cerveza?, ya me dio calor.

–Heliodoro: Ya rugiste, compadre. Al fin van en nuestra representación las autoridades, la banda, los niños y toda esa gente acompañando al difunto. Nosotros no pelamos aquí. Digamos salud por el descanso del difunto.

¡NOMÁS FALTÓ BAILE PARA SEGUIRLE FALTANDO AL RESPETO AL MAESTRO CORONEL!


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