FELIPE ANDRADE HARO
FELIPE ANDRADE HARO

CRÓNICAS RANCHERAS (3)

 

Ésta es una de tantas historias, tan comunes y tan cerca de nosotros que parecen la pura neta. Pero la realidad es más méndiga. Chale.

A lo lejos, la banda interpreta una conocida melodía que alguien tararea.

–Micaela: ¿Ya oyó, comadre? Una canción de nuestros tiempos.

–Hortensia: Juar, juar, juar, no diga eso comadre. Yo soy de Parchis para acá.

–Micaela: ¡Uy, la Tencha es señorita! Acuérdese que con ésas bailábamos en las tardeadas en el rancho. Ahí conoció a su marido.

–Micaela: Ya ni me recuerde dónde conocí a ese méndigo desobligado. Pero por no hacerle caso a mi madre, que dios la tenga en su santa gloria, ¡tanto que me insistió!

–Hortensia: Pos ya ni llorar es bueno. Ahora con 6 escuincles tiene que aguantar comadre.

–Micaela: ¿Se acuerda cuando íbamos a las tardeadas? ¡Cuánta música y muchachos! Éramos bien enamoradas.

–Hortensia: ¿Éramos? Usted que no dejaba nada pa’ las pobres. Siempre agarraba lo mejorcito, creo que por eso dios la castigó y se casó con el Avelino.

–Micaela: Antes era diferente. Con tanto chamaco cambió. Y a mí me desgració la vida. El pobre no terminó de estudiar y tuvo que trabajar cuando me embaracé. Pero eran días bonitos.

–Hortensia: Y tú ¿no te dieron ganas de estudiar?

–Micaela: Sí, estudié para secretaria. Pero con la panzota nadie me quiso contratar. Creo que vendí mi máquina de escribir. Ya no me quiero acordar de eso. Me da mucha tristeza.

–Hortensia: Me imagino. Yo la mera verdad nunca fui buena para la escuela, por eso mejor decidí casarme y encontrar un tarugo que me mantuviera. El Crecencio no es malo, pero sí muy menso.

–Micaela: ¡Ay no hables así de mi compadre! Es re-buena gente y a ti te trata muy bien. Te da todo lo que quieres, por eso se consiguió otro trabajo.

–Hortensia: Oye comadre ¿quién es la que está en esa foto?

–Micaela: Pos quien, pos la gobernadora, quién más.

–Hortensia: Mira, ¡pero qué bonito vestido! Debe de ser muy caro.

–Micaela: Ay, comadre ¿tú crees que ella compra en Coppel o en la segunda como nosotras? No, ella puro fino.

–Hortensia: Pos sí se ve. Ya hasta me dio coraje. De seguro no es con su guardado. Una haciendo el esfuerzo para comprarse unas garritas y hay otras que nomás estiran la mano y ahí está.

–Micaela: Y va a salir en una revista como modelo. Así como andas vestida tú deberías salir, pero en el “Alarma”, juar, juar, juar.

–Hortensia: ¡Ay si tú, princesa caramelo! Con las patas de polvorón que te cargas ni en el “Alarma” juar, juar, juar.

–Micaela: ¡Uy acaba de hablar la limpia! ¿Ya te viste los jiotes de la cara?

Las comadres continúan con palabras altisonantes, que se escuchan por toda la calle. De las palabras pasan a las manos. La pelea se desata, salen otras mujeres a separarlas.

–Doña Ludivina: ¿Pos que traen, están locas?

–Hortensia: Ésta que comenzó a decirme de cosas y pos de plano no me aguanté y le dije lo suyo. No sabe respetar ni el compadrazgo.

–Micaela: Tú que cada que puedes hablas mal de mí. Ya me dijeron todo lo que me echas. Pura pinche envidia porque yo si fui a la escuela.

–Hortensia: Pos no se te nota porque educada no eres. Y ya estuvo suave, cada quien por su lado.

Las comadres toman su camino.

–Doña Ludivina: Cabronas viejas, nomás me dejaron su cochinero y se largaron. Y todo por andar de chismosas. Voy a platicarle a Joaquinita que se andan peleando por el carnicero.

¡EN EL RANCHO, EL CHISME ES CULTURA!


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