Enrique Laviada
Enrique Laviada

Como era de esperarse, el presidente López Obrador salió al paso de las críticas desatadas por la realización de un evento con tintes religioso, algo así como un homenaje a Naason Joaquín García, patriarca moderno de la iglesia La Luz del Mundo, realizado en el palacio de Bellas Artes, pero lo más importante es que eso sirvió para que emitiera una declaratoria de tolerancia que muy probablemente sirva de vara para medir a quien la emitió, es decir, al propio presidente.

Debemos ser tolerantes, dijo, a lo que siguió una de esas pausas largas que distinguen su peculiar estilo para dirigirse a las audiencias, supongo que esta vez una oportunidad para pensar muy bien lo que habría de decir a continuación, en un llamado que se escuchó sincero a “no ser tan rígidos”, se entiende que al juzgar las opiniones e incluso los actos de los demás, con la salvedad, claro, de que sean sin contravenir las leyes o las normas establecidas.

En un tono afable, pues, el presidente ha hecho un llamado a “no crear ambientes de intolerancia”, lo que pienso se debe interpretar como de carácter general, algo indispensable para preservar la integridad del país y enfrentar de mejor manera nuestros problemas, pero que por desgracia no ha tenido en el presidente a su mejor exponente, de modo que sus expresiones en favor de la tolerancia, deberían aplicarse, creo, a sí mismo, sin mentiras ni simulaciones que serían no sólo deplorables, sino francamente peligrosas.

Las palabras del presiente, su definición en primera persona: “me molesta mucho a mí la intolerancia” pueden convertirse, si se toman con la seriedad suficiente, en algo muy positivo, cunado también en primera persona del plural, afirma que “tenemos que aceptarnos más todos”, así lo dijo, apostar más por la libertad, lo cual sin duda alguna suscribo, con el mismo entusiasmo con el que he criticado muchas de las posturas del actual presidente.

En su declaración López Obrador puntualiza que lo dicho vale para católicos, evangélicos de todas las denominaciones, ateos (gracias), libres pensadores, agnósticos, pero también para los integrantes de todas las clases sociales, culturas, preferencias sexuales, a lo que debería agregarse opciones electorales y filiaciones políticas y partidistas, para completar lo que comúnmente denominamos democracia.

Sin embargo, la desesperanza de que la libertad en todas sus facetas sea una realidad plena, que la crítica no sufra patéticos intentos de sofocación, desafortunadamente proviene del círculo cercano del presidente, sin duda de la legión de seguidores dogmáticos que suelen contribuir con su atraso, sin contar el negocio de la lambisconería y los amancebados del poder recién llegados al aparato de Estado, y, con frecuencia, debo decirlo también, del propio López obrador, en lo que se podría interpretar como un despropósito inaudito, pero evidente.

Por mi parte me quedo con la declaración reciente de López Obrador y hago votos por que su llamado al ejercicio de la libertad, la tolerancia, el respeto a la pluralidad y la convivencia civilizada, sea algo más que un rollo presidencial mañanero o, en el peor de los casos, una engañifa desde el poder.

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Acertijo

Para la libertad se pervive


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