FELIPE ANDRADE HARO
FELIPE ANDRADE HARO

EL REY YA NO QUIERE TRABAJAR

 

Había una vez un Rey medio torpe, pero en el fondo (muy en el fondo) sentía que era buena onda. Ésta es una de tantas historias.

PRIMER ACTO (El Rey lee el periódico)

ESCENA IV

–Rey: Méndigos periodiqueros, están peor que Paty Chapoy. No les voy a mandar publicidad. ¡Mira estos lambiscones! Les voy a dar contrato.

–Duque de Tarabilla: Jefito hermoso, ¿cómo le amaneció hoy? ¿Le trajeron su jugo de pitaya como encargué? No quiero que se malpase y se levante de mal humor.

–Rey: Calla, lambiscón, y tráeme en chinga la revista Gente Fifí, se supone que iba a salir yo en la portada principal, como un homenaje a mi brillante trayectoria (y a los mil doblones que azoté). Cómprate unas 100, sirve que aprovecho para regalar.

–Duque de Tarabilla: Según su agenda, para hoy…

–Rey: Para hoy, nada de nada. Hoy y lo que resta de la semana no voy a trabajar. Andaré en pijama y babuchas. Así que pon en la puerta un letrero de NO MOLESTAR, que no voy a pelar a nadie y menos a ti.

–Duque de Tarabilla: ¿Quéeeeeeeee? No mame, jefe, digo, no manche su vida con una traición, ¿acaso se ha vuelto loco?, tiene mucho jale. Arriba o lo acuso con Chuponcito para que le diga malas palabras.

–Rey: Es en serio, Duque. Mira, nadie me pela, no me hacen caso, todos se ríen de mí. Mejor que vaya mi vieja y arregle lo que sea necesario. Si a mí me da mis madrazos, no quiero pensar como le vaya a toda la prole que se la pase jode y jode.

–Duque de Tarabilla: ¿Quéeeeeeeee? ¿Su vieja va a gobernar esta semana? ¡No la chingue! ¿Sabe qué? Métame al calabozo, invénteme algún ilícito o lo que se le hinche, pero no quiero estar junto a la vieja, digo, la reina. Es que la neta es muy cargada y beata. Yo nomás no me llevo con el rosario, ni me sé los rezos. Soy católico–hipócrita, así que mejor aquí le cortamos y las gaviotas.

-Rey: Estimado Duque, tú apechugas porque eres el único que puede con la reina. Ella me ha dicho que eres inteligente y sagaz y, para que ella diga eso de ti, mira que es como una bendición que debes de atesorar en tu corazón. Cuando me metí en esto, nunca me imaginé que fuera tan complicado. Yo era feliz armando mis castillos y naves espaciales de lego, viendo mis películas de los Vengadores y de La Guerra de las Galaxias. Y ¡tómala, barbón! Que me meto a la grilla y el pueblo sabio, que no es tan sabio, votó por mí y me castigó. Y la verdad, ya no sé cómo zafarme.

–Duque de Tarabilla: Aguante el último tirón, jefecito, ya falta menos. Siga así como va, al fin que el reino está hundido. No creo que lo hunda más (o quién sabe). Usted es muy sabio y le cae bien a la gente; bueno, por lo menos a mí me cae bien. Si usted se quiebra ahora ¿quién podrá ayudarme en mis republicanos negocios?

–Rey: ¡Ah, méndigo, eso es lo que te preocupa! Seguir fregándome y engordar más el “cochinito”, si no creas que no me doy cuenta de tus transas. Ése debería ser tu apellido: Duque de las Transas. Pero ahorita ando bajo de pilas y me voy a tomar la semanita. Así que ponte a las órdenes de la reina y a darle al trabajo. ¡Suertudo!

(Sale el Duque de Tarabilla del palacio y se dirige a su principal punto de reunión: la taberna “Las Refinerías del Peje”).

–Conde de Malpaso: ¿Qué pasa, mi Duque, anda crudo?

–Duque de Tarabilla: Peor que eso, ando cursiento del susto que me acaba de poner el rey.

(El Duque le cuenta al Conde, todo lo acontecido momentos antes).

–Conde de Malpaso: ¡Uta! Y ahora ¿qué vamos a hacer? ¿Le paramos al huachicoleo?

–Duque de Tarabilla: Pos yo creo que sí, tengo miedo que la reina nos descubra y de plano nos mande cortar la cabeza en la plaza pública con excomunión. Ya ves cómo es de cargada. Por lo pronto se me ocurre detener todas las revistas de la Gente Fifí y mandar hacer unas nuevas con la foto de ella, para llegarle por el ego enorme que tiene. Luego nos vamos con tu comadre a que nos enseñe a rezar y cantar para la misa de seis y así no tendremos ninguna bronca, en lo que el panzón se recupera. Ya estoy preparando el plan para que le entre al toro sin andar de chiqueado.

–Conde de Malpaso: Pues bueno amigo, a poner todo en marcha, que el reino no puede jalar sin nosotros. Por si las de hule, mándate comprar unos bonos de deuda, esos del aeropuerto.

¡EL GOBIERNO NO ES GRACIOSA HUÍDA, SINO APASIONADA ENTREGA!

 


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