ALEJANDRO CASTAÑEDA | NTRZACATECAS.COM
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Zacatecas.- Jeovany, Antonio y Carlos son niños que van a la escuela, pero optaron por trabajar durante las tardes o fines de semana para tener dinero extra.

Aunque el trabajo infantil tiene varias aristas, estos niños aseguran que lo hacen por gusto, con permiso de sus padres y en condiciones dignas, algo que no se compara con la explotación que padecen otros en las calles o en el campo.

Jeovany tiene 11 años y desde noviembre del año pasado acude los fines de semana a una de las fruterías del Mercado Genaro Codina, también conocido como Mercado del Laberinto.

Entró a trabajar porque tenía ganas de unos tenis, pero sus papás le dijeron que no había dinero, por lo que decidió pedir trabajo en la frutería.

Algunas tardes, después de la escuela, sábados y domingos de 10 a 15 horas, Jeovany acomoda las frutas, verduras, mueve las cajas y, en algunas ocasiones, ayuda a los clientes con sus bolsas.

De esta manera, gana propinas y 60 pesos por parte del propietario, quien también le regala fruta para que lleve a su casa. Jeovany comentó que el dinero lo usa para los gastos de su escuela.

Juan Antonio tiene siete años y desde que era un bebé anduvo entre frutas y verduras, ya que se paseaba en los diablitos del puesto donde trabaja su mamá en el Mercado Genaro Codina

Cuando terminan sus clases en la primaria, ayuda a mover cajas, embolsar y acomodar la mercancía.

Su mamá, Reina, aseguró que es una forma de enseñarle que cada peso cuesta y que compare entre estudiar o trabajar en la frutería.

Aunque todavía es pequeño, tiene un mandil a su medida y le hicieron un diablito a su tamaño para cargar las cajas; debido a que ya creció, ahora trabaja con uno de tamaño normal.

A cambio del trabajo que realiza recibe un sueldo que va de 50 a 100 pesos, pues depende de su esfuerzo.

Carlos es estudiante de la Secundaria 48, tiene 13 años y es cerillito en una Farmacia Guadalajara de 15 a 18 horas, donde siempre atiende a las personas con una cordial sonrisa, pues aprendió estos modales en casa.

Narró que trabaja porque es una forma de ayudar a sus padres y así él tiene su dinero, aunque se le impuso la condición de que no bajaran sus calificaciones en la escuela.

De los clientes, a veces recibe 1 peso, 10 o 20 pesos y en otras ni las gracias, pero siempre mantiene su sonrisa. Comúnmente se va a casa con 100 o 150 pesos que utiliza para los gastos de la escuela.


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