RICARDO MONREAL ÁVILA
RICARDO MONREAL ÁVILA

En política, rara vez las decisiones se toman entre lo mejor y lo peor. Con frecuencia, la mejor decisión es aquella que se toma entre las opciones “menos malas”.

Tal es el caso del acuerdo migratorio alcanzado en Washington el viernes pasado, cuyas alternativas eran aranceles o sellamiento migratorio de la frontera sur. El equivalente a el dinero o la vida, de Pedro Navajas.

Es el mejor acuerdo posible porque evitó la imposición de aranceles que hubiesen dañado seriamente la economía del país. Es un logro notable alcanzado por la delegación mexicana, encabezada por el canciller Marcelo Ebrard.

Sin embargo, la manera como la administración Trump obtuvo este acuerdo (mediante la amenaza, el chantaje y la intimidación) deja la puerta abierta a que el amago se repita una y otra vez en futuras situaciones. Prepararnos para que no nos la vuelvan a aplicar es quizá el principal reto que deja el acuerdo.

¿Qué es posible hacer?

México tiene que identificar, sumar y cultivar a sus aliados en los Estados Unidos. No es un tema de relaciones públicas, sino de alianzas políticas estratégicas.

Se trata de la vinculación con los factores reales de poder que tienen interés e intereses claros en nuestro país: desde los corporativos empresariales con inversiones en México, hasta los legisladores federales con una base electoral fuertemente hispana. Los demócratas tienden a ser más cercanos a México en este tipo de situaciones (en otras, no tanto), pero también hay republicanos sensibles a los intereses de las grandes empresas asentadas en México, como lo evidenció el grupo de legisladores que promovió el bloqueo al posible decreto arancelario.

El sistema judicial estadounidense es un gran contrapeso en este tipo de embestidas. De hecho, es el mejor antídoto institucional que ha funcionado y logrado contener las decisiones más controversiales del Ejecutivo en los últimos tres años. Tener a la mano a los despachos norteamericanos con la mejor experiencia en la materia será un recurso útil.

La política local es otro contrapeso importante en un país que practica el federalismo real. En los cuatro estados fronterizos del sur de EUA habitan 75 millones de personas (el 25 por ciento de la población total norteamericana), cuyos ingresos dependen en alguna medida de una economía binacional integrada. Tienen voz y voto ante sus gobernadores y congresos locales.

Por último, no estaría de más una campaña en la opinión pública norteamericana para destacar las aportaciones económicas, laborales, educativas, científicas y culturales que la migración mexicana ha realizado al pueblo de EUA.

En términos internacionales, México estuvo solo en esta crisis coyuntural. Hay que activar los protocolos y mecanismos previstos por organismos internacionales, como la OMC, la OCDE, la UE y la ONU, que promueven el libre comercio, las uniones aduaneras y la defensa de los derechos humanos de migrantes.

Pero lo más importante es empezar a diversificar ya nuestros intercambios internacionales. Concentrar el 80 por ciento de nuestro comercio exterior en un solo país es neocolonialismo moderno. Es minar la soberanía y la independencia de la nación, al grado de hacerla presa fácil del chantaje, la extorsión y el humor de un tuit.

Twitter y Facebook: @RicardoMonrealA


Deja un comentario