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Existen muchos diplomáticos mexicanos que destacan mucho, estimado amigo. Entre ellos hay algunos que, ya sea en un ínter o posterior a su trabajo en el Servicio Exterior Mexicano, o representando a México en otras latitudes, aportan desde la perspectiva nacional.

Por ejemplo, está Manuel Tello Baurraud. Él hizo grandes migas a favor de México con los países en donde desplegó su trabajo diplomático. En Cuba, por ejemplo, hasta la fecha, tiene mucha consideración por su posición política en beneficio de la isla. Pero lo destacable es que su trabajo en el servicio exterior mexicano, principalmente como Secretario de Relaciones Exteriores de México en los gobiernos de Miguel Alemán Valdez y Adolfo López Mateos, que es considerada la cúspide de su carrera.

¿Otro ejemplo? Alfonso García Robles. Su trabajo en el ámbito internacional durante la segunda parte del siglo pasado le valió que a principios de los años ochente fuera acreedor al Premio Nobel de la Paz. Y, según diversos trabajos biográficos sobre él y su posición como eje de la política exterior en México, el Embajador García Robles tuvo la oportunidad de aprender y ver los modos de vida desde diferentes latitudes. Aportó mucho desde la perspectiva diplomática y como jurista.

Pero déjame seguir con otro ejemplo. También te puedo mencionar a Isidro Fabela, que gobernó el Estado de México. Según la biografía que aparece en el sitio web de su fundación, Fabela, “entre los puestos públicos que ocupó se encuentran: Jefe de Defensores de Oficio, en el D.F., Diputado, Secretario de Gobierno en Chihuahua, Jefe del Departamento Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Representante Diplomático en Francia, Inglaterra, España, Argentina, Chile, Uruguay, Brasil y Alemania; Gobernador del Estado de México, de 1942 a 1945 y Juez de la Corte Internacional de Justicia, de La Haya, de 1946 a 1952”.

Lo interesante de Fabela es que sentó las bases de la organización política y gubernamental del Estado de México que permitió después, bajo el trabajo de otros gobernadores, su crecimiento económico por la vía de la industrialización. Pero también quiero llamar tu atención sobre otros ejemplos más contemporáneos del rol que desarrollan algunas personas con responsabilidades que les hacen viajar y luego asumen una posición. Por ejemplo, en el ámbito legislativo (Beatriz Paredes o Héctor Vasconcelos, recientemente, pueden servir de referencia) o hasta en posiciones de organismos internacionales (quizás la referencia obligada sea José Ángel Gurría en su papel de Secretario General de la OCDE) y otros.

Llamo tu atención sobre esto, querido amigo, porque lo que buscas afanosamente en tu vida pública depara una perspectiva global y no solamente el pulso local, que me atrevo a asegurar que traes muy bien.

De unos años para acá, la famosísima, llevada y traída frase de “think global, act local”, se ha convertido en referente del actuar gubernamental en muchos aspectos: desde perspectivas enteramente de políticas gubernamentales, en políticas públicas, en términos educativos, como individuos, grupos, naciones o regiones, en aspectos ambientales, en diseño de ciudades y varios más. El punto es considerar la posición que tenemos y nuestro impacto global.

Estar fuera del terruño te puede abrir los ojos para otras realidades. Yo, hace algunos años, amigo mío, conocí Japón. Vi cosas increíbles. Un orden en las cosas de calle que no había visto (jamás vi un auto pasarse un semáforo o mal estacionado); también aprecié la limpieza. Viví expresiones de solidaridad y de construcción de objetivos comunes.

Lo menciono porque viajar ayuda a comparar, más cuando vas con objetivos. Los viajes ayudan, por ejemplo, a entender tu realidad y la realidad de otros, si es que queremos seguir con la curiosidad de aprender y tratar de entender diversos modelos de diferentes realidades y hemisferios. Y que el círculo cercano (familia, amigos, colaboradores) tenga esa oportunidad abona a que se puedan desarrollar ideas con base en experiencias, porque gubernamentalmente es complicado inventar el hilo negro.

Los personajes mencionados en la primera parte de este documento, estimado amigo, aportaron algo a la realidad mexicana de sus respectivas épocas; algunos aún lo hacen, ya sea porque permanenecen vigentes o bien por el legado que dejan. Se debe aprovechar esa parte. Hay que indagar en esas posibilidades. No va a tener desperdicio.

COLUMNA: EL POLÍTICO Y EL CIENTÍFICO

Los viajes ilustran, mi amigo

Alfonso Carlos Del Real López / Politólogo


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