Alberto Chiu
Alberto Chiu

Conforme va pasando el año y se llegan las fechas que el Inegi tiene programadas para la publicación de sus estudios, resulta bastante claro que a Zacatecas no le ha ido tan bien en las mediciones de diversos rubros, ya sea en el ámbito de lo económico, o de la migración, o de la corrupción y su combate.

En esta ocasión, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía dio a conocer (en días recientes) que según la plataforma “Cuéntame México”, nuestro Zacatecas querido está entre los 10 estados del país que tienen menor grado de escolaridad. Esto es, que aquí en el rancho (léase, en todo el estado) el promedio de escolaridad es apenas de 8.6, o lo que es lo mismo, el promedio de escolaridad en la entidad es de segundo de secundaria.

Sí, claro, es obvio que se trata de un promedio y no de una generalidad; es obvio que para obtener ese promedio, tuvo que haber también un conteo de las personas que incluso pueden tener un doctorado, varias maestrías o licenciaturas; y al mismo tiempo, tuvo que haberse contado una cantidad de referencia de personas sin alfabetización alguna. El resultado: Zacatecas está por debajo de la media nacional en grado escolar, y apenas encima  de Puebla, Guanajuato, Veracruz, Michoacán, Guerrero y Oaxaca.

Pero a pesar de todas esas obviedades, también es claro que la autoridad local (entiéndase el gobierno del estado y también los de los municipios) actúa más bien de forma reactiva, dejando la posibilidad de prevenir la falta de educación formal en intentos recargados en el Instituto Zacatecano de Educación para los Adultos (IZEA), por ejemplo, y con apenas unas cuantas acciones para corregir y elevar el grado escolar de quienes no tuvieron oportunidad de hacerlo en las escuelas formales.

Además de ello, es sumamente triste también el hecho de que el bajo nivel escolar que presenta el estado de Zacatecas pueda usarse como pretexto para, precisamente, evitar la contratación de zacatecanos en diversas empresas. Y más aún, resulta el pretexto ideal para evitar o evadir cualquier intención de invertir en la entidad, simplemente porque no hay suficiente personal debidamente calificado, capacitado y formado en la educación formal.

No se trata, pues, sólo de decir que el nivel educativo promedio es bajo; con esa misma afirmación, van las demás que preocupan: no hay generación de empleos de buen nivel porque no hay recurso humano bien preparado; no hay condiciones justas de contratación laboral, porque no existe preparación profesional de muchos empleados; no hay mayor generación de riqueza, porque los empleos que se generan son más bien pauperizantes por las mismas razones arriba expuestas.

La educación, sin duda, tiene que ser un camino para el desarrollo humano y la satisfacción personal y social de necesidades. Sin educación o formación, nos condenamos a ser “esclavos” de chambas indeseadas, en ambientes que tenemos que aguantar… porque no hay otro. Ojalá los gobiernos (de los tres niveles) le apuesten de veras a la educación, y no sólo se aprovechen de ella como carne de cañón electoral. Claro, a menos que sean ellos quienes quieren a los “esclavos”, para hacer y deshacer con su voluntad.


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