Enrique Laviada
Enrique Laviada

Es increíble, pero cierto, lo que se procesa desde la oficina encargada (es un decir) de los asuntos económicos del estado, en manos de un tal Carlos Fernando Bárcena Pous, léase mentiras bien clasificadas para el entretenimiento público.

Supongo que este señor, bien dotado de títulos académicos (es ironía) se siente con la capacidad suficiente como para engañarnos, muy bien pagado para el efecto, con los viejos trapos de la inversión extranjera directa, la que seguramente llegará algún día a nuestro estado, según sus embutes y firmas estampadas en bonitas cartas de intención, o sea, nada.

Pero debe usted saber, estimado lector, que tan distinguido personaje, egresado de las mejores escuelas privadas del país, con una larga experiencia en el ámbito de los negocios, no permite preguntas ni acepta dudas acerca de su papel en el actual gobierno, válgame, que para eso se destacó en las cosas del engaño en las olvidadas provincias, así como la nuestra.

Es el estilo, inconfundible, de los Bárcena, tan dedicados a la adulación de la autoridad, egresados del tecnológico dedicado a los negocios sin distingo de prioridades sociales o escalas de desarrollo regional, formados en la lógica del saqueo burocrático, en el pisa y corre de las economías locales, para provecho de su expediente personal, el mismo que presentaré en la siguiente emisión.

Sólo a un tipo como Bárcena se le puede ocurrir, luego entonces, la estrategia de impresionarnos con supuestas inversiones extranjeras, imagínese usted, de origen chino, en áreas tan inciertas como lustrosas, y para orgullo (es ironía) local, seguramente distinguido por su inigualable ambiente de negocios e inversiones.

Pero no se crea que en vano, pues por principio, convenció al gobernador Tello (empresa no muy complicada) acerca de la inminente determinación de una célula del Partido Comunista Chino (PCCh), es decir, de una de sus oficinas encargadas de exportar trampas financieras, cuya misión consistiría en traer algunas maquiladoras de productos industriales, aún no identificadas por completo.

Las cartas de intención, firmadas para el efecto, y que han sido exhibidas como un logro sin precedentes, obran en poder del tal Bárcena, nuestro amable benefactor, y nadie debe dudar de su capacidad para negociarlas, pues para eso cobra, y bien, de uno y otro lado, eso dicen.

Hasta ahora es que sabemos que el gobierno de Tello pretende construir otro parque industrial (¿?), al gusto y capricho de los empresarios (¿?) chinos, a quienes se les entregarán los predios que sean necesarios, vaya usted a saber dónde, pero con todas las respectivas ventajas, y cuya denominación es aún misteriosa por la simple y sencilla razón de que a Bárcena así le conviene, y a los zacatecanos no les incumbe.

Pero la culpa no es suya, ni de Bárcena ni de los chinos, sino de quien (léase Tello) los ha hecho sus compadres, en una de tantas muestras de charlatanería, de esas que se venden como receta mágica en las tierras del nunca jamás, –en oferta, pásele, pásele, que se acaban–, y puede que no vuelvan.
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Acertijo
De que los hay, los hay.

 


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