STAFF | NTRZACATECAS.COM
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Todas las culturas, a lo largo de la historia, han generado mecanismos de control social, con la finalidad de evitar el caos. Lo han hecho a través de normas sociales externas independientemente de su legitimidad; o bien de manera psicológica, invocando el convencimiento de lo que la origina y con ello delimitar las acciones personales. Es esta última la que motiva este texto.

La apropiación de los frutos del trabajo ajeno derivó en la división social del trabajo, y con ello en la sumisión de una parte importante de la sociedad que debía ser controlada para mantener el poder de quien la dominaba: la explotación del hombre por el hombre. Es por ello que se gestaron y perfeccionaron herramientas de control subjetivo, para evitar la rebelión contra el orden social establecido.

Para lograr lo anterior es preciso interiorizar y legitimar la condición de dominación del individuo y su dependencia ante la voluntad de un grupo selecto al que debe encumbrar. Este grupo despoja al sujeto de su identidad o bien le construye una nueva, mediante la reafirmación de tradiciones, costumbres e ideologías en las que le reitera su lugar de explotación en el mundo, y se le convence de su limitante emocional y racional para la toma de decisiones; anulan su carácter modelando su personalidad y esclavizando sus pensamientos y emociones.

Uno de los objetivos principales de las religiones (un claro ejemplo de  lo arriba descrito) es agrupar mazas en torno a creencias divinas o sobrenaturales que como factores comunes ofrecen salvación o castigo. La práctica religiosa puede ser positiva e influir en el bienestar social; sin embargo, el hacerlo de una manera extrema deriva en el detrimento de quien lo realiza y de su esfera de influencia. Cuando un individuo se adhiere o es educado incondicionalmente bajo ciertos preceptos religiosos y los defiende exacerbadamente, desacreditando a quien o a lo que difiera de ellos, formaliza un acto de fanatismo ante la negación de la racionalidad y el sobrevalorado afecto a su fe, afectando sus relaciones interpersonales. El perfil del aspirante a fanático tiene relación con factores como la dependencia,  carencia de asertividad, intolerancia, pasar por un momento de vulnerabilidad emocional,  así como la necesidad de que “le sean dadas” respuestas (las cuales no cuestionará); sin embargo, cada culto tiene sus especificaciones y métodos para incorporar adeptos.

El fundamentalismo religioso genera sentimientos complejos en quien lo profesa. El individuo siente placer o satisfacción debido a la dopamina que le genera el realizar un acto específico, además de sentir angustia y temor sino cumple a la perfección con los cánones. En algunos casos  puede sufrir de psicosis o paranoia.

Con independencia del contexto social en el que se encuentre el fanático, la intolerancia es un común denominador, ya que sólo puede concebir la existencia de dos opciones antagónicas: los que piensan como él y los detractores de sus creencias. A menudo, son el reflejo de la personalidad del líder.

El líder de culto posee oratoria y carisma singulares que le vuelven atractivo para congregar seguidores. Tiende a ser autoritario, manipulador, dicta y reforma sus normas a conveniencia; es megalómano y se autoproclama “elegids” para conducir a los fieles y ejecutar un designio divino. Por lo tanto, este líder es dueño de la verdad y su opinión es dogma en  la voluntad del grupo. Le rodea un halo de misticismo, tiene la constante necesidad de ser admirado, por lo que busca la expansión de su séquito, dotando de atenciones a quien se acerca por primera vez a él, tratando de llenar los vacíos emocionales o existenciales que éstos pudiesen tener, dotándolos de un sentimiento de aceptación y pertenencia. Interviene en cada detalle de la construcción de fe y exige exclusividad con la misma.

Detrás de la fachada de bondad del líder fanático, se encuentra  un ser con trastornos de personalidad, que pueden resultar peligrosos. Basta recordar los sucesos que han protagonizado aislamientos en granjas, suicidios colectivos, atentados terroristas, guerras, violaciones de derechos humanos, incestos, muertes, enfermedades, delitos y despojos para cumplir la potestad del “guía espiritual”. Debemos tener presente que los manipulados son los seguidores y que el líder puede tener consciencia plena de lo que ocurre.

Argelia Aragón Galván / Maestra en Derecho


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