Alberto Chiu
Alberto Chiu

A lo largo de esta semana, y en realidad de varias semanas, se han venido acumulando en los apuntes periodísticos algunos episodios que nos muestran la confrontada coexistencia de dos mundos en nuestra realidad: el mundo esbozado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, y el mundo delineado por decenas (quizás cientos) de testimonios ciudadanos.

El primero, un mundo donde todo parece ir de maravilla, tal como lo señala el presidente de la República en sus conferencias de prensa mañaneras y sus apariciones en actos y eventos públicos. El segundo, uno donde sucede todo lo contrario y llueven las quejas, los reclamos y las inconformidades, por muchas de las cosas que se presumen en el primero.

Quizás uno de los primeros episodios más visibles de la coexistencia de estos dos mundos, fue el de la discusión que sostuvo López Obrador con el periodista Jorge Ramos, cuando discreparon sobre las cifras de la violencia y la inseguridad en nuestro país, presentando dos visiones discrepantes… a pesar de que contaban ambos con las mismas cifras, los mismos datos, y el presidente insistió en que él tenía “otros datos”.

Otro que se hizo viral fue el de una videograbación difundida por ciudadanos, donde se ve que una madre de familia le reclamaba al presidente la cancelación de unos apoyos que, a la postre, le habrían ayudado a sus hijos a asistir a un concurso académico. El presidente insistió en que no era cierto, y volvió sobre el camino de que él tenía “otros datos”, aun cuando las madres de familia presentes le demostraban lo contrario.

Y el más reciente (aunque no han sido estos tres los únicos), lo atestiguamos ayer cuando, tras darse a conocer las terribles cifras del desplome en la generación de empleos formales (hay que hacer énfasis precisamente en lo de “formales”, para entender el asunto), el presidente se aventuró prácticamente a menospreciar o intentar corregirle la plana al Instituto Mexicano del Seguro Social, al justificar que en esos números no figuraban, por ejemplo, los miles de “empleos” generados a partir de los apoyos y becas de su gobierno para jóvenes productivos. Y peor aún, creo yo, soltó una frase del talante de que “las estadísticas se interpretan como cada quién quiere”, palabras más, palabras menos.

En el mundo de los testimonios ciudadanos, nos encontramos por el contrario con las afectaciones a miles de familias que no ven cumplido su anhelo de justicia cuando han sido víctimas directas o indirectas de la violencia; o con los miles de familias afectadas por el cierre de guarderías; o por el desabasto de medicamentos en clínicas; o por el cierre de unidades médicas. Y para todos ellos, la justificación de que las medidas fueron tomadas en la lucha contra la corrupción de los gobiernos anteriores, no es importante cuando la afectación va directamente a su bolsillo y a su salud.

Me parece que, si no se adecúa el mundo del presidente a esta otra realidad, ambos terminarán colisionando irremediablemente, con los consabidos efectos tanto en su popularidad como en lo electoral. Ojalá no lleguemos a ése, que sí sería el peor de los mundos.


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