Alberto Chiu
Alberto Chiu

Me llamó la atención, este fin de semana, la declaración que el gobernador Alejandro Tello ofreció desde Denver, en el estado norteamericano de Colorado, durante su visita para llevar a cabo allá una más de las llamadas “Feria Binacional de Servicios”, mediante las que se pretende precisamente llevar algunos servicios (administrativos, de salud, etcétera) a nuestros paisanos radicados en el vecino país del norte.

Dijo el gobernador Tello que “los zacatecanos estamos en todos lados y somos la mejor sociedad organizada de migrantes en los Estados Unidos”. Y de ahí surgió mi duda sobre el por qué entonces no parecemos tener la “mejor sociedad organizada” aquí mismo, en nuestra tierra.

Por triste que parezca, demasiado a menudo nos encontramos con que una buena parte de las dificultades y problemáticas que padece un gran número de comunidades (sobre todo del ámbito rural) de nuestra entidad, son producto justamente de la mala, pobre, incluso nula organización entre vecinos. Y la muy lamentable ausencia de autoridad (de cualquiera de los niveles gubernamentales) parece tener mucho que ver en el asunto.

Allá fuera de casa, nuestros paisanos parecen aferrarse de la nostalgia por el terruño para encontrar puntos de unión y coincidencia y, a partir de ellos, desarrollar estrategias y acciones en conjunto que les ayudarán por un lado a mantenerse unidos en comunidad, y por otro lado a conseguir gestionar (tanto con nuestro propio gobierno estatal, como con los gobiernos de aquél país) toda clase de apoyos, respaldos, y acciones concretas para dicha comunidad. Las ferias de servicios quizás sean uno de tantos de esos logros.

Mucho se ha dicho que los mexicanos, fuera de México, particularmente en Estados Unidos, se “cambian el chip” y, a fin de integrarse o adaptarse a aquella sociedad, se convierten –la mayoría al menos– en personas respetuosas de la ley, cumplidoras laboralmente, colaborativas en la comunidad donde se insertaron, etcétera.

¿Y entonces por qué nos es tan difícil hacer eso mismo, estando de este lado de la frontera, en casa propia? ¿Por qué se nos hace fácil acá torcer o incluso romper las leyes para conseguir salirnos con la nuestra para no pagar impuestos, para evitar multas o sanciones, para obtener beneficios, prebendas de cualquier índole? ¿Es de veras un asunto de “cultura”?

Creo que quienes están “fuera de casa” no podrían adaptarse a otras normas si, primero, no hubieran aprendido aquí también las bases para ello; pero esas bases muy a menudo se pierden debido a la inercia social que tiende hacia la corrupción o la ilegalidad fácil. Y creo que el meollo del asunto es que, en algún punto del crecimiento de nuestros niños y jóvenes, los padres nos volvemos demasiado permisivos, quizás pensando que ellos ya son libres y autosuficientes para tomar decisiones, aunque en otras ocasiones más por abulia o cansancio, renunciando a nuestros deberes como formadores permanentes de los hijos.

En todos está la semilla para hacer y construir una mejor sociedad, sólo que se nos olvida regarla. Lástima que recordamos echarle agua… hasta que estamos fuera de casa.


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