Enrique Laviada
Enrique Laviada

No creo que sea para menos. Se trata de los datos acerca de la cantidad de fosas clandestinas que han sido descubiertas en los estados del país. Un escalofriante informe del Sistema Nacional de Búsqueda que deja constancia de la violencia desatada en el país entero. En el que aparecen los llamados “datos del terror”. No es para menos.

Por desgracias, Zacatecas aparece entre los primeros lugares de la desgracia, sólo por debajo de Sinaloa, Guerrero, Veracruz, Chihuahua y Colima, en una escala que ni en nuestras peores pesadillas hubiésemos padecido, hace no mucho, cuando en estas tierras disfrutábamos de niveles encomiables de tranquilidad y paz social.

Eran otros tiempos, eso lo sabemos de sobra, pero lo que no se entiende, lo más difícil de aceptar, es que las autoridades se encuentren literalmente congeladas ante ese cambio fatal, de los últimos años, sin que se observe alguna reacción positiva al respecto.

El informe de la comisionada nacional de búsqueda, Karla Quintana, ese que ella misma compara con “datos del terror”, seguramente servirá a las mentes más obtusas del actual gobierno estatal para justificar que si estamos mal es porque el país entero se encuentra mal, que el problema no es sólo nuestro, sino de todos, en suma, que  mal de muchos es consuelo de Tello y compañía.

Pero no es así. Lo que pesa realmente es que nuestra posición en la estadística es desastrosa. Es horrible confirmar periodísticamente que los datos del desarrollo son inversamente proporcionales a los de la violencia. Todos quisiéramos que fuese al contrario. Pero no es así.

Al incremento de los “datos del terror”, como el de las fosas clandestinas, las ejecuciones, los robos a mano armada, el abigeato, los feminicidios, los secuestros, ante esa terrible realidad, el gobierno de Tello ha literalmente bajado los brazos, y sin remedio aparente.

Lamentablemente no basta con lamentarse. Es evidente que en el círculo cercano del gobernador la receta indica que al mal tiempo de la violencia se debe poner la buena cara de la fiesta. El propio Tello, antes convencido de que su personalidad no era la idónea para andar coronando reinas, ahora, ha tenido que contradecirse en coloridas e incontables ocasiones. Aunque regularmente aprovecha para expresar, sin embargo, la pesadumbre personal y el agobio que siente por tanta violencia y por todas partes. Lamentablemente no basta con lamentarse.

En el informe al que nos referimos hoy, estimado lector, se dice que destinaron para el estado algo así como once millones de pesos como presupuesto para apoyar la labor de búsqueda que realizan autoridades y familiares, lo que sin duda forma parte de la “narrativa de profundo dolor” que padecen las familias afectas, víctimas colaterales de la violencia, sobre todo si se le compara con los recursos dedicados a la pachanga y los viáticos y a los viajes y a los festivales y a las ferias, como acompañamiento frívolo en el discurso de las lamentaciones.

El vacío se siente. Lo confirma todos los días el alto índice de la violencia. A pesar de los esfuerzos que se realizan para esconderlo debajo del enorme tapete del burocratismo. El vacío se siente.

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Acertijo

Y da miedo


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