David H. López
David H. López

En el análisis de la escaramuza mexicana contra las amenazas de Donald Trump quedó claro que las élites mediáticas hablan para ellas mismas. Tal vez sea injusto culparlas de ello, para eso son lo más granado; sin embargo, ponerlas en difusión masiva tardó en tener consecuencias, pero finalmente llegaron.

En comunicación se llama alienación. No sorprende que los medios estén tan divorciados de sus audiencias. Si entendemos que quien ve canales como ForoTv es el gran público y no una minoría que ronda el 1 por ciento o a lo más el 5 por ciento de la población entonces el divorcio es evidente y es por abandono.

Una crisis económica, o recesión como se vislumbraba si Donald Trump cumplía su amenaza arancelaria del 5 por ciento, hubiera sido mala para la economía, pero particularmente cruel para las mayorías.

Para las clases medias y altas una recesión es un problema de flujo, pero que no incide en su viabilidad. Es comer carne menos veces a la semana o al mes, es moderar la comodidad o perderla en casos más dramáticos, pero nunca comprometer el sustento. El sector desprotegido –en cambio– tiene en una recesión un problema ya no de caja, sino de supervivencia, la diferencia entre comer o tomar el camión para el trabajo; entre comprar lo indispensable o pagar una consulta médica y medicinas.

Con un arancel de 5 por ciento tendríamos un dólar a 23 pesos (y subiendo), y otros indicadores que incidirían en el nivel de vida. Un comentarista habló –por ejemplo– de la medida en función de cuánto cuesta un aguacate en Nueva York, para medir su impacto en nuestra economía; ya no es sólo la poca representatividad en algunas mesas de opinión, del electorado que votó hace un año, sino los lenguajes que se emplean para minimizar los oficios de la delegación mexicana que evitó las penalizaciones.

El gran problema es que los términos “técnicos” tal cual se han usado, esa forma de abordar y analizar problemas, privó por 30 años y demostró su fracaso por insensible. Aún así, hay quienes se aferran a esa lógica como si nada hubiera pasado hace un año y conducen la discusión como si ese fuera el enfoque primordial para razonar soluciones, una perspectiva ajena a las causas y efectos de los problemas que aquejan a las mayorías.

No sería justo meter en el mismo costal a todos los comunicadores de tendencia neoliberal; desde luego los hay más sensibles, pero este divorcio en el discurso abona a las razones por las que se está reconfigurando la oferta de presentadores.

La visión individualista y economicista no sólo de los asuntos públicos sino de la vida en general se vino generalizando desde hace al menos 25 años en los medios. No sólo iba acorde a la visión de un puñado de directores editoriales, sino de una corriente de pensamiento y acción establecida deliberadamente para regir casi todos los espacios relevantes de interacción social en México.

Dicha alienación pasó factura. Los medios “tradicionales” están en crisis; no sólo por la convergencia de Internet y redes sociales (factor de suficiente peso), pero también por la sordera de medios y comentócratas que les propició el abandono recíproco de sus audiencias: hace un año muy pocos les hicieron caso.

En el escenario mediático comienzan a darse reacomodos; algunos acusan sumisión de los dueños de los medios al poder del lopezobradorismo. El tiempo dirá si la hipótesis se sostiene, aunque también es evidente que se intenta una reconciliación paulatina con su público. Se antojaba necesario, pero para la supervivencia de algunos medios tal vez sea tarde e insuficiente. Veremos.

 


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