Alberto Chiu
Alberto Chiu

Comienza, a partir de ya, el Operativo Paisano 2019 que pretende dar una muy buena atención a aquellos de nuestros connacionales que, durante esta temporada de verano, vienen a visitar sus respectivos lugares de origen, la casa de sus padres, su tierra. No son pocos los que regresan, y tampoco son pocas las quejas que emiten quienes han visto o sufrido la vulneración de sus derechos en este regreso temporal.

Se supone que gracias a la participación de diversas dependencias de los distintos niveles de gobierno, el regreso de los paisanos a México debería ser terso, colmado más bien de buenos tratos que de violaciones de derechos, aunque en la realidad todavía hay “prietitos en el arroz”.

Para el estado de Zacatecas, es bien sabido que los paisanos representan una muy importante fuente de recursos, que llegan directamente a las familias a través de las remesas. Miles de millones de pesos que aquellos ganan en el vecino país del norte, y que envían para ayudar a solventar los gastos de sus familias residentes acá, de este lado de la frontera.

Para muchas de estas familias, las remesas son el ingreso principal de sustento (incluso para algunas, el único), y eso al mismo tiempo resulta también una especie de “aliciente” para que continúe la migración, en la búsqueda de condiciones que no tienen en caso de quedarse aquí, pues es evidente la falta de oportunidades laborales en muchas regiones de la entidad.

¿Por qué entonces todavía existen esos “prietitos en el arroz”? La corrupción denunciada por migrantes en retorno consiste, muchas veces, en el pago de “mordidas” o “moches” que tienen que entregar a agentes aduanales, o a corruptos elementos de corporaciones policiacas que, aprovechándose de que los paisanos regresan con recursos, los obligan a pagar una especie de “derecho de paso” por el territorio nacional.

Una parte del Programa Paisano, de acuerdo con los objetivos del gobierno federal, es precisamente brindar asistencia en el trayecto, se han implementado operativos para que no les pase nada cuando viajan en caravana, y tengo entendido que se han endurecido los castigos en contra de quienes, ostentando un cargo público, se aprovechen de ellos.

De modo que el éxito de dicho programa depende, además del buen trato que se les otorgue, de las denuncias que los propios paisanos presenten cuando sean vulnerados sus derechos como mexicanos que son. Es la cultura de la denuncia una parte fundamental para que se acabe con esta parte de la corrupción que se detecta año con año, en las temporadas de mayor llegada de nuestros migrantes.

Ojalá que este verano, nuestros paisanos gocen de los beneficios que les otorga el programa, como el del incremento en la llamada franquicia, que pasa de 300 a 500 dólares por cada persona que ingresa al país. Pero más importante será, sin duda, que el beneficio principal sea el regresar en paz, y sin contratiempos, a visitar a sus familias de este lado de la frontera, para luego retornar a sus actividades allá, y seguir ayudándonos, desde la distancia, a subsistir en un estado donde hay pocas oportunidades de hacerlo por medios propios.


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