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La primera guerra mundial constituyó el nuevo orden en las formas de hacer y llevar un conflicto bélico, es decir, transformó completamente los oscuros caminos de las guerras convencionales. Ese proceso, que involucraba a las potencias mundiales de inicios del siglo XX, desembocó en problemáticas europeas que fueron el germen de otra guerra, más cruenta y con consecuencias catastróficas en el orden global.

El conflicto armado duró desde 1914 hasta 1918, y se conformó por dos grandes bandos: la Triple Alianza constituida por las potencias centrales, el Imperio Alemán y el Imperio Austrohúngaro, Italia se alejó de esa coalición. Por el otro lado, estaba el Triple Frente, formado por Reino Unido, Francia y Rusia, a quienes se aliaron posteriormente Estados Unidos e Italia, entre otras naciones.

Si bien el detonante fue el asesinato del archiduque de Austria, Francisco Fernando, el 28 de junio de 1914, los antecedentes del conflicto fueron fraguándose a partir del desarrollo y competencia económica entre Reino Unido, Francia y Alemania, además de los conflictos emanados de las incursiones coloniales del Imperio Alemán en África, situación que vulneraba la hegemonía británica y francesa en ese continente como las potencias coloniales.

Además de las implicaciones normales de una guerra, como muertes, hambrunas, desplazamiento de comunidades enteras y destrucción de las mismas, el hecho de que las tácticas napoleónicas fuesen utilizadas por los comandantes militares de los diversos bandos en pugna, aunado a las nuevas formas bélicas utilizando la última tecnología de armas, incluyendo las químicas, potenció los daños entre enemigos y los daños colaterales en contra de la población civil en los diversos campos de batalla, prolongando cada vez más la guerra.

Un momento clave que volcó en gran medida la suerte de la guerra fue el involucramiento de Estados Unidos en el conflicto a favor del Triple Frente, a partir de 1917, situación que vigorizó los ataques británicos y franceses en contra de los alemanes, quienes por momentos tuvieron la iniciativa y la ventaja en varios frentes hasta bien entrado 1917.

Las diversas políticas hostiles llevadas a cabo por el Imperio Alemán para con Estados Unidos, como el hundimiento de un barco de bandera estadounidense y la confirmación del telegrama Zimmermann dirigido al presidente de México, Venustiano Carranza, en el que le se le invitaba a unirse a la guerra a favor de las potencias centrales en caso de que los estadounidenses le declararan la guerra a Alemania, ofreciéndole el compromiso de regresar a México los antiguos territorios anexados por Estados Unidos en 1848, fueron algunas circunstancias que hizo a Estados Unidos ingresar al frente europeo por las implicaciones potenciales a nivel regional, además de sus propios intereses económicos en el conflicto. Cabe señalar que la propuesta alemana a Carranza por el embajador alemán Heinrich von Eckardt fue negada por México, argumentando que su neutralidad en el conflicto se debía a la situación de inestabilidad en la que se encontraba a causa de la revolución y los diversos movimientos políticos

Finalmente, en noviembre de 1918 se da el armisticio total de las hostilidades en Europa, dando así el inicio a las negociaciones de paz entre las partes involucradas. Así se comenzó una larga y conflictiva pugna sobre las responsabilidades de la guerra, dando como resultado el tratado de Versalles, donde se da el fallo a favor de los aliados en donde se responsabilizó a Alemania por el inicio del conflicto, lo que le obligó a asumir los costos de la reconstrucción de los lugares que sufrieron daños, además de asumir la pérdida del 13 por ciento de su territorio. Incluyendo a ese fallo, se constataba que Alemania debía ceder sus territorios colonizados en África a Gran Bretaña y Francia. Asimismo, la zona minera e industrial alemana quedaba bajo resguardo y explotación de los franceses a manera de pago de costos de guerra.

Por el contrario, tanto Reino Unido como Estados Unidos querían una negociación más flexible con Alemania, pues buscaban seguir los vínculos comerciales con esa nación, además de que la veían como un potencial socioeconómico de gran relevancia; situación no vista desde la misma prospectiva por el gobierno francés, quienes defendieron la postura de que gran parte de la guerra se desarrolló en su territorio y por ello tuvieron mayores pérdidas.

El tratado de Versalles entró en vigor en enero de 1920. Para ello, tuvo efecto con un nuevo gobierno en Alemania, la llamada República de Weimar, que entró en vigor al disolverse el Reich en 1918. Las implicaciones para el pueblo alemán fueron de gran calado, pues la moneda germana se devaluaba constantemente, la inflación subía cada vez más, el descontrol social se hacía palpable en diversas regiones del país, además de que se dio una proliferación de diversos grupos políticos que generaban violencia y polarización de una sociedad vulnerada por un tratado considerado por varios investigadores como sumamente contraproducente.

Las implicaciones de la gran guerra fueron de carácter global, un ejemplo es el caso mexicano con el telegrama Zimmermann, mostrando así las posibilidades que exploraron las potencias para asociar aliados a sus fines. Además, se hicieron esfuerzos tras firmar la paz para que no se generaran nuevos conflictos con la creación de La Liga de Naciones. Sn embargo, se dejaron de lado las verdaderas consecuencias de oprimir y relegar a toda una nación con amplia tradición política y cultural como Alemania, dando como resultado el crecimiento de movimientos políticos extremistas, populistas y radicales, una situación aprovechada sistemáticamente por un grupo político en particular: el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, grupo que posicionó en el campo político nacional a un ex soldado de la primera guerra, llamado Adolfo Hitler.

 

Implicaciones de un conflicto global. El fin de la primera gran guerra y el tratado de Versalles

Manuel Sánchez Sánchez / Historiador

 


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