STAFF | NTRZACATECAS.COM
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Un exvoto o retablo, signo particular de fe en la colección del Santuario del Niño de Atocha, en Plateros, es una imagen que se manifestó en toda la República mexicana en la mitad del siglo XIX, a manera de cuadros de lámina o madera llenos de colores con representaciones divinas y agradecimiento al benefactor.

“Damos infinitas gracias al Santo Niño por haber recibido un favor muy grande”.

Retablos llenos de color, tragedia, enfermedad, enfrentamientos y la misericordia suplicante de los fieles que, gracias a la oración, devoción y fe, obtienen el favor o milagro solicitado. En la imagen se representa el evento o trance que sufrió la persona, así como el agradecimiento del favor solicitado en la parte inferior de la lámina, nombre y lugar de procedencia.

Las imágenes en las láminas podrían ser representadas por cualquier persona e incluso solicitar el talento de un artista o un buen dibujante. Se pagaba la pintura satisfactoria al igual que la tipografía, si tenía o no faltas de ortografía era irrelevante.

Al finalizar el siglo XX, los retablos disminuyeron y los devotos optaron por utilizar recursos tecnológicos como la impresión de fotografías, textos en Word acompañados de imágenes, copias fotostáticas de resultados, certificados, diplomas, títulos universitarios, entre otros. Asimismo, los fieles dejan objetos de valor, cabello, prendas, ropa de hospital, silla de ruedas, prótesis y un largo etcétera.

Silvia Rodríguez Camacho, devota del Santo Niño de Atocha, acude año con año para agradecer los favores y dejar una ofrenda.

“El Santo Niño de Atocha me ha concedido mucho favor. No sólo a mí, sino a toda mi familia. Desde que era pequeña, mi madre me enseñó la devoción al niño, y la verdad es que nos ha llenado de bendiciones siempre.

“En una ocasión mi madre estaba limpiando el pequeño altar que le tenía al niño de Atocha junto a la cocina, me acuerdo que lavaba sus vestidos y los mantenía impecables. Era una réplica exacta del niño que se tenía en el templo. Al momento que mi madre limpiaba el altar llego mi tío Alberto que vivía a un lado de mi casa. Llegó desesperado con mi madre para informarle que mi hermano Gonzalo tuvo un trágico accidente y se encontraba en un hospital de Guadalajara.

Mi hermano trabajaba en Guadalajara, era un comerciante. Fue en Marzo de 1970 cuando mi hermano venía a Plateros para caerle de sorpresa a mi mamá. Su camioneta quedó inservible; mientras él gravemente herido en el hospital. Los médicos nos informaron un trágico final para Gonzalo. Mi madre se armó de fe y durante el tiempo que se mantuvo en el hospital orábamos diariamente la novena al Santo Niño de Atocha y él le concedió la sana y pronta recuperación. No fue más que un mes que mi hermano salió sano y salvo del accidente. En agradecimiento presentamos nuestra ofrenda en una misa de domingo. Mi hermano hizo un banquete para los pobres de la comunidad y el retablo corrió por mi madre que ahora sólo está en nuestras memorias.

“El cuadrito ya no lo encuentro, pero seguro está por ahí. Ahorita no vivo aquí, me casé y me fui a Aguascalientes, pero siempre regreso a darle las gracias por mi salud y mi vida. Si se cree, el milagro llega”.

Los retablos en la comunidad de Plateros permanecen como muestra de la fe de la iglesia católica, además de ser fuente fidedigna de la cultura religiosa de los mexicanos que, a través de los años, permanece en las nuevas generaciones y se lleva a escenarios a partir de diversas exposiciones artísticas en todo el país. Ejemplo de esto es la muestra  Favores Insólitos, en el Museo Nacional de Culturas Populares, con un eje trasgresor de lo que comúnmente se reconoce a los retablos.

Existen artistas autodidactas que actualmente luchan para que estos retablos se mantengan como una costumbre religiosa en todo México, con la finalidad de preservarlos en un espacio eclesiástico, de los templos y santuarios de la República, aunque existen otros que toman elementos de estos, para representar escenas de la vida cotidiana o estrellas del Cine de Oro.

Los pasillos del santuario marcan los 397 años de historia de Plateros. 2 millones de peregrinos acuden año con año a pasar el recorrido de su penitencia o promesa, o sólo a saludar al niño de Atocha, dar gracias, encender una veladora, hablar con Dios, pedir perdón, celebrar la Eucaristía o seguir al salón de los santos, caminar y admirar los cientos de retablos en agradecimiento por el milagro, colocar su agradecimiento y un hasta pronto.

    

 

ALEXA CARRILLO / NTR Medios de Comunicación

 


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