Alberto Chiu
Alberto Chiu

Ayer, en una ceremonia intitulada “Despliegue por la Paz”, se dio el arranque formal de la Guardia Nacional, una institución de seguridad pública de carácter civil que vendrá a garantizar la seguridad y la paz en el país, en la que participan de inicio miembros de las policías Militar, Naval y Federal. A Zacatecas, según se anunció, hoy llegarán los primeros elementos de este despliegue.

Soldados, marinos y policías federales bajo este nuevo uniforme, nueva estructura legal y con los valores de legalidad, objetividad, eficiencia, profesionalismo, honradez y respeto a los derechos humanos, buscarán tener la capacitación constante y suficiente para resolver los asuntos de seguridad pública, con proximidad social y en colaboración con las autoridades civiles de los distintos niveles de gobierno.

O al menos, así se dijo ayer durante el arranque de sus operaciones, y así lo espera una gran mayoría de la sociedad mexicana que, de sobra se sabe, está cansada de los muchos y muy lamentables ejemplos de corrupción dentro de las corporaciones de seguridad municipales, estatales y federales incluso.

“Brindar seguridad a las familias mexicanas, es el mayor honor que tenemos como Guardia Nacional”, dijo el comandante de este nuevo cuerpo, el General de Brigada, Diplomado de Estado Mayor, Luis Rodríguez Bucio. Y vaya que dicho honor, como él lo expresó, es el reclamo primario de la mayoría de la población, tal como ha quedado de manifiesto en muchas encuestas de opinión a nivel nacional.

No podemos, en este momento, sino expresar como mexicanos también nuestra esperanza de que así sea; desear el éxito rotundo en todas sus operaciones; confiar en que el marco jurídico aprobado para su existencia, contenga las medidas legales suficientes para cumplir con la lucha contra la delincuencia en todos sus ámbitos, desde el llamado “crimen organizado”, hasta la cometida por aquellos servidores públicos que incurren en cualquier forma de corrupción.

No es una tarea fácil, dadas las condiciones actuales de nuestro país, pero tenemos que confiar en ellos. De entrada, no será fácil si sólo nos atenemos a que sean ellos, en solitario, quienes se encarguen del problema. Tendremos pues que exigirle también, a las autoridades municipales y estatales, que hagan todo lo que esté en sus manos para colaborar –y principalmente no estorbar– con la Guardia Nacional.

Efectivamente, la suya no será –ni tiene por qué serlo– una lucha en solitario, como si las demás corporaciones no existieran. Sobre todo porque, en esta primera etapa, el número de efectivos de la GN será mucho menor a lo proyectado a futuro, además del natural recelo que, ya desde ahora, se percibe en otras corporaciones civiles locales respecto de su actuar.

Démosle el beneficio de la duda, así como nuestra colaboración puntual mediante la cultura de la denuncia y la formación de nuestros hijos. Sólo entre todos, quizá algún día logremos tener un país en paz y donde llegue oportunamente la justicia a todos los rincones, a todos los miembros de esta sociedad. Es nuestro deber irrenunciable.


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