Enrique Laviada
Enrique Laviada

Que el gobernador Alejandro Tello sepa poco o casi nada de la Guardia Nacional, no debería sorprendernos, pero de que se encuentra completamente complacido por su arribo, eso es seguro (además de ironía), al estilo de la casa.

Se pudo constatar en los últimos días que, incluso, algunos presidentes municipales tenían mayores conocimientos y certezas al respecto del arribo de las nuevas fuerzas encargadas de los asuntos más delicados de la seguridad pública.

Pero así están las cosas desde hace rato en nuestro estado, donde el vacío de autoridad llega hasta el desconocimiento de los procesos de cambio que se viven en el país, al fin y al cabo, los que están ya se preparan para un retiro, dicen, lo más digno que sea posible,  si no existiera algún inconveniente al respecto.

El desinterés del gobernador por enterarse o conocer del asunto de la Guardia Nacional se expresa con toda nitidez cuando envía a su secretario de Gobierno, el tal Jehú Salas, al evento en el que fue presentada en la capital del país y, obviamente, como resultado tenemos que, para ambos, “todavía está muy ambiguo todo”, qué otra cosa podía esperarse.

Es cada vez más evidente que Tello espera a que se resuelvan los misterios y dilemas de la gobernanza desde arriba, en lo que podríamos llamar una actitud ejemplarmente pasiva, antes y después.

Ante el arribo.

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La pasividad del gobernador incluye una notoria desconexión tanto de las autoridades federales como de las municipales, lo que asegura una administración dislocada en los más variados asuntos, pero que es aún más grave tratándose de los temas relacionados con la seguridad pública.

Las recientes declaraciones del gobernador no sorprenden, insisto, a pesar de que revelan su ignorancia o desinformación, sino sólo por el grado de indolencia alcanzado.

Se debería suponer que el gobernador de un estado que ocupa los primeros lugares en casi todos los indicadores de violencia e inseguridad debería estar no sólo al tanto de las decisiones nacionales, sino adentrado por completo en el tema, y definitivamente, sin excusa ni pretexto.

Ante el arribo.

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Es comprensible que el anuncio de la llegada de los efectivos de la Guardia Nacional sea motivo de entusiasmo, sin embargo, su complemento estatal pareciera más que dudoso.

Si el gobernador no está enterado de los detalles del funcionamiento que tendrá la Guardia Nacional en nuestro estado, es de esperarse que tampoco conozca las formas de coordinación y operación conjunta, cosa aparte de las simples declaraciones de buena voluntad y permanente disposición a lo que sea.

Mucho menos podemos esperar, luego entonces, de todos los demás aspectos que deberían conformar una estrategia integral destinada a rodear de buenas políticas interiores y acciones de desarrollo social, nadie dijo tanto (es ironía local) como para documentar el (escaso) entusiasmo de Cascabel y otros escépticos hacia las soluciones (sólo) militares, aunque cambien el color de su uniforme y sus vehículos.

Ante el arribo

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Acertijo

La duda ayuda


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