STAFF | NTRZACATECAS.COM
STAFF | NTRZACATECAS.COM

Uno de los elementos más discutidos alrededor del nombre Camus es el existencialismo. Contrario a otros existencialistas de su época, él tendrá una visión respecto al valor de la vida más que al sinsentido de ésta. Albert se pregunta si de verdad el insulto a la existencia viene de un sin-sentido.

En el mito de Sísifo, cuando Camus afirma que “Juger que la vie vaut o une vaut pas la peine de être vecue, c’est répondre a la question fondamentale de la philosophie”[1] está atendiendo a un punto que va más allá del mero saber si o si no. Es decir, comienza dando por sentado que el objeto de una ciencia es responder a esta pregunta básica, luego se responderá qué es lo que se debe hacer cuando uno la conoce.

Ejemplo de la primera idea (juzgar el valor de la vida). En La peste, Rieux, el personaje principal y doctor en la epidemia, no se encuentra inquieto en ningún momento de la narración. Al contrario, tiene bien puesta la idea de lo que debe hacer y por qué lo debe hacer: curar y por el hombre, respectivamente. Su vida no toma sentido por la peste, aunque tampoco lo pierde.

El absurdo es el divorcio entre el hombre y su vida. No es la negación de la vida, sino la pérdida de ésta. Es decir, tener una ruptura de los gestos automatizados (como darse cuenta de que ya no se mira a los ojos al hablar), es hacer del vacío algo elocuente.

“Le simple souci est à l’origine de tout”[2], dice Camus. Es decir, el absurdo no debe ser visto como un aspecto meramente negativo, sino como principio de la decisión a seguir: Camus lo llama ·saber si hacer del suicidio algo real o no”, pues, “une raison de vivre c’est la même pour mourir.”[3] En cuanto a esto, Rieux tiene completa conciencia y sigue ejerciendo su trabajo sin que un pensamiento de banalidad o heroísmo cruce su cabeza. El suicidio debe ser entendido aquí no como la facilidad de quitar la vida, sino como la evocación del valor de la vida.

Ejemplo de la segunda idea. La madre de Bernard Rieux, al comienzo de la peste –de la anulación del tiempo y ritmo de vida, alegoría primaria–, dice a su hijo que se siente feliz de volver a verle, que eso de las ratas no puede impedir el sentimiento. Con esto, resalta  la posición del hombre y su determinación a pesar de saber a qué se está uno enfrentando.

El problema, dice Albert Camus, es que la mayor parte de las personas están entre el sí y el no de la valoración de la vida. Sin embargo, el absurdo es un golpe que puede ser recibido por cualquiera a fin de inclinarse para un lado solamente, y de tal manera seguir viviendo su vida (o no) de acuerdo a la decisión tomada.

Ante esto, Albert ofrece un método simple para saber si se está lejos de la idea del absurdo. El método está muy cercano al nihilismo, pero no pretende tocarlo en su totalidad (pues ello implicaría entrar en un terreno “enemigo”): “Le méthode definie par ici confesse le sentiment que toute vrai connaissainse est imposible. Seules les apparences peuvent se dénombrer et le climat se faire sentir”[4]. Es decir, lo importante no es saber si se tiene la noción que deviene en sentimiento del absurdo, sino las consecuencias de ello.

Para entrar al mundo del absurdo es necesario romper con cuatro elementos. El primero es pertenecer al tiempo. Hacerse viejo sin darse cuenta, estar loco –como al final de la peste se muestra Cottard; La extrangeridad–, elemento que vive también el mismo Cottard o Raymond y el sacerdote al comienzo de la obra. Así como el personaje principal de El extranjero, Meursault, el hombre que se define por poner la necesidad frene al querer, evita las situaciones si puede y si no quiere sólo pasan: la mismisidad del mundo. Entender al mundo como un ente que puede funcionar por sí mismo, como si la actividad de un individuo, un grupo o un ejército no tuviera el menor efecto con respecto a éste. En Cartas a un amigo Alemán, Camus hace saber que el sentido de la tierra no está en el hombre, sino que el sentido de la tierra es el hombre; y por fin, la Inhumanidad. La automatización del gesto y el aspecto: la indiferencia con respecto al lugar que se le debería dar al hombre como un ser no animal, no automático, no sustituible.

Luis Vital Sánchez / Egresado de la Licenciatura en Letras, BUAZ

 

David Sherman no comparte la opinión de este ensayo: “the problem of the absurd […] is not the particular epistemological problem of skepticism but rather the universal existential problem of nihilism, thoroughgoing belief in nothing”[5].

Sin embargo, aquí se cree que a esta sentencia le hace falta un elemento básico: dejar de pensar en teóricos y centrarse en los discursos escritos de Albert Camus, tomando al autor como creador de una nueva filosofía. Es imposible pensarlo cuando el mismo Camus toma al sentido como uno de los principios de entrada al absurdo.

[1] Trad: Juzgar que la vida vale o no la pena de ser vivida es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Albert Camus, Le mythe de Sisyphe, Folio Essais, Espagne, 2014, p. 17

[2]  Trad: La simple preocupación es el comienzo de todo.  Camus, Le mythe, Op. Cit. P. 29 Por ejemplo, el trabajo, un amor imposible, “conseguir una copa de futbol importante”.

[3] Trad: Una razón para vivir es la misma para morir. Ibidem p 18

[4]  Trad: El método definido aquí confiesa el sentimiento que todo verdadero conocimiento es imposible. Sólo las apariencias pueden contarse y el clima sentirse. Albert Camus, Le mythe, Op. Cit. p. 28

[5] Trad: el problema del absurdo […] no es el particular problema epistemológico del escepticismo sino más bien el problema universal existencial del nihilismo, el concienzudo creer en nada. David Sherman, Op. Cit. p. 30


Los comentarios están cerrados.