SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“Es curioso cómo los activistas sociales suelen protestar contra las únicas cosas que tienen una oportunidad creíble de lograr sus propósitos”.

Craig Bruce

 

Si realmente se hubieran rebelado 30 mil policías federales, el presidente no habría podido menospreciar el movimiento. Quizá la mayoría de los policías estén molestos por su incorporación a la Guardia Nacional, pero sólo unos cientos participaron en las movilizaciones. No se necesitan más para bloquear vías de comunicación.

Los bloqueos son populares porque funcionan. Generan atención a los agravios. En muchas ocasiones llevan a las autoridades a resolver problemas que en otras circunstancias habrían dejado como estaban. Es verdad que dañan a terceros inocentes, pero esto no les importa ni a los organizadores ni a las autoridades. Por eso el gobierno de López Obrador ha anunciado que no piensa utilizar la fuerza pública para levantar bloqueos.

López Obrador ha argumentado, como tantas otras veces, que hay “mano negra” detrás las protestas. Y no sorprende. Él conoce más que nadie la forma en que las organizaciones políticas manipulan las protestas. ¿Cuántas manifestaciones y bloqueos fueron instigados en el pasado por activistas de Morena y de otras agrupaciones cercanas? ¿Se acuerda usted de las violentas protestas y saqueos después del gasolinazo del 1o. de enero de 2017? También entonces hubo mano negra, como bien lo sabe Andrés Manuel.

El presidente ha hecho de la Guardia Nacional la columna vertebral de su estrategia para combatir la inseguridad y la violencia. No sé si sea la mejor de las apuestas, pero la solución es muy similar a las que trataron de aplicar sus dos inmediatos predecesores, Felipe Calderón y Peña Nieto. Cuando tres presidentes de tres partidos políticos promueven la misma estrategia quizá haya que darle a esta la oportunidad de funcionar.

A mí no me inquiera que la Guardia Nacional tenga mando y estructura militares. No creo que los soldados o los marinos violen los derechos humanos más que los policías civiles. La resistencia a la militarización en el pasado vino de Morena y sus aliados, por lo que no deja de ser paradójico que hoy sean ellos los que impulsan la solución militar; pero la mayoría de la gente que vive en zonas de gran violencia me dice que prefiere una policía militar que la inseguridad y la violencia que agobian a sus comunidades.

Los policías que han protestado contra la Guardia Nacional lo han hecho por varias razones. Algunos no quieren perder antigüedad y prestaciones al incorporarse a la Guardia, pero este tema se puede superar salvaguardando los derechos laborales de quienes sean transferidos. Otros no quieren quedar bajo un mando militar, pero ya es inevitable. Algunos más se quejan de que no han sido seleccionados para ser transferidos porque no cumplen con los requisitos, por ejemplo, la condición física. Otros no quieren ser evaluados, pero el presidente que derogó las evaluaciones para los maestros insiste en mantenerlas para los policías. López Obrador sostiene que las protestas no son justas porque ningún policía perderá su trabajo, aunque algunos no están satisfechos de dejar de ser policías federales para cuidar, digamos, parques públicos.

A final de cuentas el presidente superará la resistencia. Una rebelión de 30 mil elementos hubiera puesto en jaque a su gobierno, pero ésta, de unos cuantos cientos, que sólo afecta a quienes piensan que tienen derecho de usar las vías de comunicación, no le generará dificultades. El verdadero problema vendrá después, si la tan cacareada Guardia Nacional no reduce la inseguridad y la violencia.

 

La mano negra

Dice Alfonso Durazo que Felipe Calderón es la verdadera fuerza detrás de las protestas de la Policía Federal. ¡Quién hubiera dicho que el ex presidente conservaría tanta influencia seis años y medio después de dejar el poder!

 

Twitter: @SergioSarmiento


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