Enrique Laviada
Enrique Laviada

Estamos ya de regreso en este espacio y no es por viborear, pero me dicen que nada bien cayó el desprecio del gobernador Alejandro Tello hacia la elección interna del PRI, con aquello de que eso “no era su prioridad en este momento”, en una de esas frases a las que nos tiene acostumbrados, que resulta difícil saber si la pensó mucho (es ironía) o si de plano se le salió de la boca con espontánea frescura.

Y, en efecto, en las oficinas del tricolor, se supo, no tenían previsto que Tello fuese a votar, ni sabían del lugar ni la hora, ni si iría solo o acompañado por su esposa y su familia. Nada. Corrían las primeras horas de la mañana, y nadie sabía algo al respecto.

Fue hasta que el gobernador Tello se incorporó a la gira presidencial en Concepción del Oro (llegó tarde, por cierto) cuando tuvo a bien sacarse de encima la responsabilidad de cumplir con su partido, pues “no era prioritario”, en lo que incluso podría interpretarse como una renuncia tácita o en el mejor de los casos como un desaire o una “involuntaria” forma de echar sal a las llagas del PRI, lo que en cualquier caso es lo mismo.

Lejos se vieron los tiempos en los que Tello se regocijaba con la propaganda que ponía a Zacatecas como “el estado más priista del país”, aquellos momentos de gloria y poder en los que tanto alardeaban Miguel Alonso y sus secuaces, y de los que ya no había ni por qué acordarse, al contrario, lo mejor parecía verse distante, fingir demencia y colocarse lo suficientemente lejos del PRI como para que no lo confundieran, no fuese la de malas.

La verdad es que a Tello le hubiera tomado cuando mucho quince minutos votar en las elecciones internas de “su partido”, realizadas en el peor momento de su historia, para dedicarle un pequeño pero significativo momento, algo así como un gesto, de esos que comúnmente se conocen como de lealtad y agradecimiento, sobre todo cuando ahí le dieron la oportunidad de llegar al puesto en el que se encuentra y haber hecho una carrera, quizá impensable aunque por razones del destino, bastante segura.

Empero, no hace falta mucha perspicacia para notar que el gobernador Tello prefirió, este domingo, apresurarse para recibir el apapacho presidencial del día (todo sea por Zacatecas), sobre todo cuando ya había podido disfrutar de sus felicitaciones por no ser abucheado (enorme orgullo), o ser objeto de protestas quizá debido a la tremenda inseguridad o los rigores de la pobreza o la falta de desarrollo, nada de eso, por suerte.

En la larga gira del presidente por nuestro estado, tuvimos la oportunidad de entusiasmarnos con los posibles beneficios anunciados y, al mismo tiempo, percatarnos de que la política pasa por uno de sus peores momentos, entre la simulación y el desprecio, lo que no sabemos aún qué tan malo pueda llegar a ser, pero eso sí: con el debido apapacho.

………………………………………

Acertijo

Atender sin entender


Deja un comentario