ALFONSO CARLOS DEL REAL LÓPEZ
ALFONSO CARLOS DEL REAL LÓPEZ

La crisis de la BUAZ y otras universidades

Ayer llegó a mis manos un documento muy interesante acerca de la crisis financiera de las universidades; me lo envío vía WhatsApp Luis Carlos Ugalde, exconsejero presidente del aquél entonces conocido como Instituto Federal Electoral (IFE) y que tuvo bajo su responsabilidad la elección federal de 2006. En la actualidad, Ugalde es la cabeza de una consultora, Integralia, que fue quien realizó el estudio sobre las universidades.

Los detalles que aporta el estudio no tienen desperdicio en lo absoluto y se erigen como elementos sustanciales que abren nuevamente la discusión sobre la viabilidad actual del sistema de financiamiento a las universidades y el fondo de éste.

En primer lugar, en el estudio de la firma dirigida por Ugalde se señala que es necesario “Establecer reglas claras para la asignación de recursos públicos para las UPES, con base en indicadores de desempeño, transparencia y eficacia en el uso de los recursos”. El asunto no es menor. Sobre las cuestiones presupuestarias, en el argot ordinario del gasto público se habla de que “la cobija no alcanza para todos”. Así que, del lado que se jale, “se descobijan algunos”. Eso implica un desequilibrio para la asignación de recursos donde “no todos estén contentos”, lo cual es bastante complicado. En ese sentido, lo que se le asigne a una entidad educativa otra puede exigirlo. No hay recurso que alcance para todos. Y aquí cabe la pregunta: ¿es justo darle el dinero que necesite a una universidad con base en indicadores claros? ¿O debe ser una asignación política, por tradición o influencias?

El estudio recomienda, en segundo lugar “Fomentar la mayor recaudación de ingresos propios en las UPES”. Las universidades públicas estatales detentan una autonomía de gestión que les permite auto gestionar recursos, entre otras cosas: ¿cómo puede una universidad aumentar sus ingresos propios, independientemente de las transferencias que reciben de gobiernos estatales o de la federación? ¿Cuotas? ¿Trabajos de investigación? ¿Trabajo conjunto con la iniciativa privada? El punto es que deben trabajar por diversificar los mecanismos de ingresos, medidas que en ocasiones son mal vistas y rechazadas por las comunidades universitarias.

Y, en tercer lugar, es importante destacar que el estudio sugiere “Limitar el pago de prestaciones por encima de la ley”. Esto indica, sin mayores rodeos, que muchas universidades han generado esquemas mediante los cuales han podido otorgar a su personal académico o de trabajadores una serie de beneficios que el común de las personas en instancias públicas no tiene.

Diversas universidades públicas se han convertido en pequeños espacios de usufructo político para grupos de poder u oligarquías familiares que, si bien han sido parte de la historia de las entidades federativas y  de la formación de profesionistas, no han dejado de ser organizaciones que cada vez exigen más y más recursos bajo la sombra de la duda de manejos pulcros y con pertinencia.

En el caso de la benemérita UAZ, los puntos que sugieren en Integralia para atender la crisis financiera de las universidades también tienen aplicación; mucho se ha dicho por las autoridades de la máxima casa de estudios de los zacatecanos sobre este tema a través de los años, principalmente durante la última década principalmente, pero pareciera que la dinámica del estrés financiero sigue y no tiene fin.

Es claro que para la BUAZ y otras universidades viene el clásico viacrucis de fin de año en la búsqueda de recursos para alcanzar a cubrir los diferentes compromisos financieros que se presentan, principalmente derivados del pago de prestaciones establecidos en los contratos colectivos de trabajo. Y ese viacrucis seguirá, estimado lector, en tanto no existan acciones más contundentes de parte de las universidades para lograr el justo equilibrio entre gasto e ingreso y, en coordinación con las autoridades, se definan esos mecanismos de entrega de recursos a las universidades a través de indicadores.

De hecho, el espíritu de técnicas de presupuestación como el Presupuesto Basado en Resultados (PbR) busca ayudar en el sentido de ejecutar el gasto con pertinencia y creando valor, dejando de lado inercias en el gasto que no abonan a un impacto positivo del mismo, con un elemento sustancial: evaluaciones precisas. De ahí entonces que, para sortear la crisis financiera, las universidades públicas tengan que adoptar medidas dolorosas, certeras y de transparencia, basadas en técnicas consolidadas y de cara a la comunidad universitaria pero, sobre todo, de cara a la sociedad que aporta vía impuestos para su existencia.

Nos leemos el próximo lunes. ¡Babai!

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