Óscar Novella Macías
Óscar Novella Macías

No habrá paz para los malvados

Si la justicia existe, tiene que ser para todos;

 nadie puede quedar excluido, de lo contrario

 ya no sería justicia

Paul Auster

Durante décadas de gobiernos conservadores y neoliberales, México ha ocupado infames lugares en los rankings internacionales en materia de corrupción. Años y años de tráfico de influencias, favoritismos e impunidad, acostumbraron a las clases dominantes y altos funcionarios a que estaban más allá de la justicia.  Las acciones judiciales emprendidas por la 4T en contra de varios de los supuestos responsables de uno los mayores robos al recurso público, obviamente me refiero a la archiconocida “Estafa Maestra”, es una declaración de intenciones del Gobierno Federal: sin importar el cargo, sin importar las conexiones o influencias, nadie está por encima de la ley.

México ha sido uno de los países más corruptos. De hecho, según un artículo de Sin embargo, nuestro país ha tenido uno de los índices más altos de corrupción de América y el nivel de impunidad más alto del mundo entero, con excepción de Filipinas. La impunidad es, según el texto mencionado, “un fenómeno que corre en paralelo a la inseguridad, violencia y corrupción que los retroalimenta y multiplica en sus consecuencias para una sociedad”.

Es la corrupción lo que lleva a que, si uno es víctima de un crimen, lo más probable es que nunca encuentren al culpable; y si eres mujer, víctima de un delito sexual, es aún peor. Es la corrupción lo que permitió la fuga de Joaquín El Chapo Guzmán en julio de 2015. Es lo que dejó libre al líder del PRI en el DF, Cuauhtémoc Gutiérrez, quien exigía servicios sexuales a sus empleadas. Es lo que deja crecer al crimen organizado, que lo deja jugar a su antojo con una población indefensa. Es lo que permite que existan monstruosidades como la tragedia de la Guardería ABC durante el sexenio de Calderón, (evidentemente, la corrupción fue lo que ha impedido que los responsables de esta atrocidad no hayan recibido castigo… aún).

México es un país que no necesita tanto más policías, sino que asegure que el Poder Judicial no tenga trabas para poder cumplir con su misión.  De poco sirven los discursos demagógicos contra la corrupción, si desde las entrañas más profundas de los tres niveles de poder se enraízan las influencias de los poderosos criminales de cuello blanco y no tan blanco.

En el sistema presidencial mexicano existía una desafortunada costumbre: consistía que al arranque de cada periodo se acordaba con el anterior mandatario o simplemente determinaba, de forma unilateral, judicializar el caso de algún chivo expiatorio para simular que, durante el resto del proceso, habrá justicia; sin embargo, el periodo de los gobiernos neoliberales se caracterizó por mantenerse impune frente a flagrantes actos de corrupción, crímenes de estado y fraudes, desde electorales a económicos.

Podemos mencionar dos ejemplos muy notorios de esta práctica:

  1. El caso de la Quina en el inicio del periodo de Salinas de Gortari
  2. El caso de Elba Esther en el de Peña Nieto

Desde luego que el presidente no tiene la facultad de impartir justicia (soy un ferviente defensor de la división de poderes), no obstante tiene la capacidad de política de garantizar el ejercicio cabal del aparato de justicia.

En lo que va del sexenio de la Cuarta Transformación se han presentado evidencias de que el gobierno está propiciando las condiciones jurídicas para hacer frente a la impunidad. El primero de estos casos es el de proceso jurídico que se está llevando a cabo en contra de Emilio Lozoya Austin y el segundo en contra de Rosario Robles Berlanga.

La relevancia del inicio de estos dos procesos no es cosa menor, el impacto a nivel fundamental en la estructura delatada por Lozoya y Robles  destapó una inmensa y compleja red de corruptelas en diversos niveles de gobierno. Por primera vez en décadas, se expuso tan flagrantemente a los involucrados, sin importar el rango que tuvieran en administraciones pasadas.

Como bien mencioné, los discursos no son nada si no hay acciones que los sustenten, es así como me llena de optimismo observar que, rompiendo las malévolas tradiciones de otros gobiernos, la 4T está atacando directamente a los agentes de la corrupción. Tal es la repercusión de esta cruzada contra la impunidad, que los medios hegemónicos, muchas veces cómplices de las corruptelas, no han podido mantener el mutis.

Hay pocas cosas tan lesivas para un país que la corrupción, es un mal que pudre desde el interior la esperanza del desarrollo y el progreso. Esta deshonestidad ha costado a México millones que pudieron ser usados en el mejoramiento del bienestar social, pero fue robado por mercenarios y saqueadores. Es aún más terrible cuando esa enfermedad es encubierta y propiciada por las más altas esferas del poder, es por ello que celebro que la cruzada emprendida por la 4T, una lucha constante e imparable contra una de las peores plagas que ha azotado a este país. Como diría Pietro Colletta: “Más que la civilización, la justicia es la necesidad del pueblo.”


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