STAFF | NTRZACATECAS.COM
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El nombre de Pedro Coronel es sin duda uno de los grandes referentes en la historia del arte en Zacatecas, y el museo que lleva su nombre y alberga sus más importantes obras y gran parte de su colección personal de objetos artísticos es una prueba clara de ello. Hace apenas unos días iniciaron las labores de restauración de una de las obras pictóricas más destacadas del museo Pedro Coronel. Se trata de una pintura de gran formato titulada Murmullos de jade, creada en 1976 por el artista que da su nombre al museo, la cual se encuentra expuesta desde el 2005 en el muro de las escaleras principales, al interior del recinto. Esta pieza, que fue dada en comodato por el propio Pedro Coronel, es intervenida por manos expertas, a fin de darle limpieza, mantenimiento y restauración, requeridos desde hace tiempo. Así pues, este destacado suceso resulta “pretexto” suficiente para recordar a uno de los artistas zacatecanos más importantes en la historia del estado y hablar un poco sobre su trabajo, su estética y, por supuesto, sobre la obra en cuestión.

Pedro Coronel nació en Zacatecas en 1923; su exitosa carrera como pintor, escultor, dibujante y grabador tuvo como inicio sus estudios en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, de la que egresó en 1945. Poco después hizo una estancia de dos años en París, donde conoció a artistas como el pintor Victor Brauner y el escultor Constantin Brâncuşi. Gracias a ellos pudo conocer a muchas otras figuras de la época que enriquecieron su visión artística. En 1954 presentó su primera exposición individual en la Galería Proteo de la Ciudad de México, gracias a la cual atrajo el interés de personalidades como Octavio Paz. A partir de entonces, el artista zacatecano exhibió sus obras en diversos recintos y festivales de países, como Japón, Brasil, Italia, Francia, India, Estados Unidos, etc. Además, adquirió y coleccionó diversas piezas de arte de todo el mundo, que más tarde se convertirían en el acervo artístico del museo que hoy conocemos.

Por otro lado, el desarrollo de Pedro Coronel como artista estuvo marcado por la influencia de las vanguardias del siglo XX, por su amor e interés en la cultura popular y el arte precolombino, los temas relacionados con los contrastes entre la vida y la muerte, así como por su propia inquietud artística, que le llevó a trabajar y experimentar con diferentes recursos, materiales, técnicas y disciplinas, al tiempo que configuraba su propio lenguaje pictórico, hasta consolidar un estilo estético tan particular que le valió distinguidos premios nacionales e internacionales.

El trabajo de este artista se distingue, sobre todo, por su lenguaje mayormente abstracto en obras de grandes dimensiones, en las que destaca un excelente manejo del color y de los contrastes creados a partir de los contrapuntos cromáticos, las texturas, el juego entre figuras dinámicas y estables o entre formas abstractas y figurativas. A través de sus composiciones, Coronel hace una apropiación del colorido, formas, motivos y simbolismos del arte precolombino y primitivo, creando a partir de ellos un lenguaje propio para hablar de sus preocupaciones vitales.

En Murmullos de jade, que, como se ha dicho, es una de sus obras más representativas, encontramos todo un universo pictórico creado con una técnica mixta y plasmado sobre tela. Se trata de una composición abstracta, de formas orgánicas y fluidas que contrastan con la solidez de un fondo de intensos tonos rosados. Así pues, los colores que dan vida a esta pintura son sus principales protagonistas, atrapando de inmediato la mirada del espectador: el estridente y cálido fondo no sólo nos transmite la energía de la pieza, sino que también otorga estabilidad a la composición.

En la parte centro-superior del cuadro observamos una forma ovalada que logra cierto nivel de volumen y profundidad gracias a la combinación de diferentes tonos; su posición dentro del plano le otorga un peso visual que ayuda a centrar nuestra mirada, para luego invitarnos a deslizar la vista por las dinámicas formas de tonos verdosos y azules que hacen referencia a la piedra mencionada en el título: el jade. A partir de ello, el autor dota de movimiento, organicidad y vitalidad a la pintura, invocando así el origen natural de esta piedra que, dicho sea de paso, tenía un valor muy importante para las civilizaciones mesoamericanas, especialmente para los mayas, no sólo por su valor económico, sino también porque se le asociaba con la inmortalidad y la eternidad debido a su alto grado de dureza, que le permite perdurar a través del tiempo y resistir una gran cantidad de procesos naturales.

Conociendo entonces el interés de este artista por las culturas prehispánicas y por los temas relacionados con la vida, la muerte y el paso del tiempo, podríamos aventurarnos a conjeturar que, probablemente, Murmullos de jade habla justamente de eso: del paso del tiempo y de los objetos que resisten ese paso, trayendo al presente los murmullos de un pasado distante y desconocido, tal como lo hacen las obras de arte. Si optáramos por esta lectura, la restauración de esta pieza cobraría entonces un significado aún mayor, tal vez más poético o romántico, que nos llevaría a pensar que Murmullos de jade, en tanto objeto material, está destinada a ser como el jade mismo.

Valeria Vega Becerra / Estudiante de Maestría en Estudios Culturales de la Universidad Autónoma de Chiapas


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