Armando Fuentes CATÓN
Armando Fuentes CATÓN

–»¡Adúltero!»– le gritó doña Macalota a don Chinguetas cuando lo sorprendió en el lecho conyugal refocilándose con la guapa vecina del 14. «Lo soy –admitió el casquivano esposo–. Pero a ver: ¿qué otro defecto me conoces?». Le señorita Celiberia visitó a su amiga Himenia, soltera como ella y también de bastantes calendarios. Grande fue su sorpresa al ver que su anfitriona tenía su casa llena de condones. Los había sobre la mesa de la sala, del comedor y la cocina; colmaban los sillones y las sillas; estaban dentro de los clósets, encima del piano. Por todas partes había condones. «Compro dos cada día» –le explicó la señorita Himenia a su asombrada visitante. «¿Para qué? –le preguntó la señorita Celiberia–. Ni siquiera los usas». «No –respondió Himenia–. Pero el farmacéutico ya está empezando a interesarse en mí». Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, acudió junto con su marido don Sinople a la consulta de un consejero matrimonial. Le dijo don Sinople: «En los últimos 14 meses, mi esposa y yo no hemos estado de acuerdo ni una sola vez». Acotó doña Panoplia: «Han sido 15». El reverendo Rocko Fages, pastor de la Iglesia de la Tercera Venida (no confundir con la Iglesia de la Tercera Avenida, que permite a sus fieles incurrir en pecado de lujuria a condición de hacer después un donativo en dinero a la congregación), el reverendo Rocko Fages, digo, fue a llevar la Buena Nueva a los indios kamukos, habitantes de Yanó, una de las Islas Vírgenes. La primera buena nueva que les comunicó fue que se iban a ir al infierno por no estar casados religiosamente. Les ordenó que se presentaran ante él con sus mujeres a temprana hora del siguiente día para unirlos en sagrado matrimonio. Obedecieron los isleños, y el reverendo ofició un matrimonio colectivo. Terminada la ocasión alguien le preguntó a uno de los aborígenes: «¿Qué tal estuvo la boda?». «¡Ka!» –respondió el nativo–. (En el dialecto local la palabra «Ka» quiere decir: «A todísima madre»). Y añadió feliz: «¡Todos agarramos vieja nueva!». Ya conocemos a Capronio: es un sujeto ruin y desconsiderado. Su esposa, que es algo gordita, le reclamó un día: «Se dice: ‘mi media naranja’. ¿Por qué tú me presentas diciendo: ‘Les presento a mis tres cuartos de naranja’?». «¡Qué potente eres, Simpliciano! –felicitó Pirulina a su flamante maridito–. ¡Apenas acabamos de regresar de la luna de miel y ya tengo cuatro meses de embarazo!». El romántico doncel fue con su novia al Ensalivadero, solitario paraje a donde acuden por la noche las parejas húmedas. En el asiento de atrás del automóvil, el enamorado galán le dijo con emoción a la muchacha: «¡Me gustan tus cabellos, tu frente, tus ojos, tus mejillas, tu nariz, tus labios, tus dientes, tu!». «Bueno –lo interrumpió ella, impaciente–. ¿Viniste a coger o a hacer inventario?». Don Poseidón le preguntó al pretendiente de Glafira: «¿De modo, joven, que quiere usted casarse con mi hija?». «No solamente quiero, señor –respondió el solicitante–. Debo». Don Cornulio entró en la alcoba y vio a su esposa yogando con un desconocido. Antes de que el mitrado pudiera pronunciar palabra le dijo su mujer: «Tú tienes la culpa. Me dejas sola demasiado tiempo». Respondió don Cornulio con enojo: «¡Pero si nada más fui a la cocina por un vaso de agua!». El jefe de personal interrogó a la linda aspirante a secretaria: «¿Tiene usted referencias, señorita?». «Tengo tres –contestó la curvilínea chica–. Busto 106, cintura 60, cadera 98». Doña Gorgolota se quedó estupefacta cuando su hija en edad de merecer le hizo una pregunta: «Mami: ¿cuando te casas ya no te pagan por hacer eso?». FIN.

MIRADOR

Historia de la creación del mundo

En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

(Como se ve, cielos hay varios; tierra solamente una).

También hizo el mar con todas las criaturas que lo habitan

En el cielo puso las aves, y en la tierra toda suerte de animales.

Creó después las plantas y los árboles; el verdor de la hierba y el iris infinito de las flores;

Formó en seguida las montañas, los valles, las selvas, los desiertos.

Finalmente hizo al hombre.

Adán contempló maravillado el universo de lo creado y le dijo al Señor:

–¡Qué hermoso es el libro de la naturaleza!

Respondió el Señor:

–Sí. Será una pena que cuando haga la fe de erratas de ese libro tenga que poner: «El hombre».

¡Hasta mañana!…

MANGANITAS

«Disminuye la tasa de natalidad en México»

Me causa preocupación

esa noticia fatal.

¡Hasta en la industria natal

baja nuestra producción!


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