Alberto Chiu
Alberto Chiu

El punto de estallido de la crisis por el desabasto de medicamentos para niños con cáncer, curiosamente, al parecer no ocurrió cuando dejaron de llegar las medicinas a los pequeños, sino cuando en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, ayer, decenas de padres de estos niños, y algunos de éstos, se le manifestaron al presidente López Obrador para exigirle el derecho a seguir vivos. “Los niños con cáncer queremos vivir”, le gritaban.

Pasaron muchas cosas en estos días: faltaron los medicamentos, dejaron de administrárselos en el Hospital Infantil de México “Federico Gómez” (HIMFG), luego se supo que en otros centros oncológicos también faltaban medicinas, se avizoró que muy pronto habría escasez en todos lados, y finalmente el secretario de Salud, Jorge Alcocer, anunció que ya se había conseguido un lote para distribución, y que alcanzaría… para una semana.

Y vinieron las explicaciones sobradas: que un laboratorio tenía suspendida la producción del Metotrexato, supuestamente por irregularidades en su fábrica; que el IMSS sí tenía medicamento y se los pasarían a los demás hospitales; que sólo se trataba de una especie de “bache administrativo”; y la peor: que nadie se preocupara, que al cabo no pasa nada, que los pacientes se pueden esperar “unos dillitas” para recibir su dosis.

Esta última, sobre todo, provocó en mucha gente (incluso en mí, debo confesar) una oleada de rabia sorda, por la evidente minimización que el mismo secretario Alcocer hizo del caso, pues más allá de las consideraciones técnicas de efectividad del medicamento, creo sinceramente que eso no se le dice a un paciente ni a sus familiares, con sorna y una mano en la cintura. Si para el secretario de Salud no es importante, para los enfermos y sus familias sí, pues de lo que se trata es de la vida de uno de ellos.

Ahora bien, el desabasto del Metotrexato, tan sonado en estos días, no hace sino recordarnos cómo hace apenas un par de meses, por ahí de abril de este año, también hubo una crisis por la falta de medicamentos antirretrovirales, que decenas de pacientes con VIH reclamaron de igual forma, y con los mismos argumentos: no nos queremos morir.

A decir de algunos estudiosos de los sistemas de salud, esta clase de desabastos parecieran incluso cíclicos, sobre todo cuando hay cambios en las “cabezas” del gobierno, cuando vienen las concreciones y renovaciones de contratos de proveeduría con laboratorios y, por supuesto, cuando hay cambios de gobierno. Se pierden los seguimientos que se daba a los procesos de licitación y compras, se olvidan planeaciones de adquisición, etcétera.

Y seguramente pasa lo mismo en cualquier otro rubro, pero… ¿en la salud? Una y otra vez lo hemos dicho: los gobiernos que vienen y van, pueden hacer lo que consideren conveniente en cuanto a sus gabinetes, sus procesos, sus compras, etcétera, pero deben poner especial atención en que no se interrumpa, de ninguna manera, la correcta y oportuna atención sanitaria a la población, pues ponen en riesgo el bien máximo a tutelar, que es la vida humana.

No se vale, pues, que por tonterías administrativas, estén poniendo en riesgo las vidas de tantos, y como en este caso, que es peor, las vidas de menores de edad. A ver a qué hora se arreglan…


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