Alberto Chiu
Alberto Chiu

Hace apenas ocho años, en el 2011, la Organización de las Naciones Unidas determinó que cada 30 de agosto, un día como hoy, se dedicaría a conmemorar el llamado “Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada”, en virtud de que ya desde entonces se consideró como un grave flagelo el que principalmente autoridades “desaparecieran” a personas, generalmente con fines políticos.

En nuestros días, sin embargo, hoy recordamos también a aquellas personas que han sido desaparecidas por particulares, es decir, a aquellas víctimas que sufren la privación ilegal de la libertad; para llamarles como comúnmente son conocidas, son las víctimas de los levantones, los secuestros, o cualquier otro tipo de desaparición, y que ahora se asocian ya sea con venganzas, o como víctimas de los “negocios” de bandas del crimen organizado.

Las estadísticas son como para congelar a cualquiera. Según el fiscal especial para estos delitos en el estado, Rodrigo Rosas, de 2013 a esta fecha se cuentan “371 personas desaparecidas, de las cuales 261 siguen sin aparecer y 110 personas fueron localizadas”. Y eso, obviamente, tan sólo de los casos que finalmente acaban constituyendo una carpeta de investigación, aunque como sabemos, la cifra negra en la comisión de estos delitos también podría alcanzar otra cantidad similar adicional. Vamos, pues, que podrían ser el doble… o muchos más.

Hay especialistas que señalan que, ante los golpes que se ha dado al crimen organizado en las rutas de trasiego de drogas, los cárteles “diversificaron” las formas de allegarse recursos, y comenzaron a secuestrar personas (a cambio de dinero) para sostener sus demás operaciones ilícitas. Pero ya los motivos, según otros, incluyen también la revancha entre grupos criminales, o simplemente como para “enviar mensajes contundentes” a las bandas rivales.

Como quiera que sea, la calamidad que representa la desaparición forzada de una persona hunde en la desesperación a cientos (quizás miles) de familias en todo el país. En nuestra entidad, no son pocos los anuncios que, principalmente por redes sociales, la propia Fiscalía General de Justicia emite casi a diario, mostrando las fotografías de hombres, mujeres, niños y niñas que están desaparecidos, y aunque en algunos casos se logra su localización y así se publicita, también sigue habiendo casos sin resolver que tienen años haciéndose viejos.

No por nada, también aquí funciona una Comisión Estatal de Búsqueda de Personas Desaparecidas, que a pesar de contar con pocos recursos, se ha dado a la tarea de acompañar a los familiares de los desaparecidos, incluso en la búsqueda de fosas clandestinas. Ellos quieren encontrar a sus seres queridos… aunque sea muertos, para darles digna sepultura, y saber dónde están y qué fue de ellos.

Como sociedad, no podemos soslayar esta tragedia que nos va diezmando; tenemos que sumarnos a los esfuerzos en lo que nos sea posible, ya sea compartiendo una ficha de búsqueda, o poniendo atención a nuestro alrededor, para quizá ubicar a alguien que es buscado. No esperemos a que le pase a alguno de los nuestros, para poner nuestro granito de arena.


Los comentarios están cerrados.