Alberto Chiu
Alberto Chiu

El primer informe de gobierno de Andrés Manuel López Obrador se enmarca, me parece, en la categoría de espectáculo político al que nos tienen acostumbrados los partidos desde hace muchos años. Diatribas sobre si es el primero o el tercero dependiendo de quién lo cuente y cómo; el “mensaje ciudadano” del presidente; las ya muy conocidas discusiones, gritos y sombrerazos en el Congreso de la Unión respecto del informe entregado; los discursos y posicionamientos… etcétera. El show.

Pero no hay que desesperar, antes de lo que canta un gallo, podremos ser testigos de otro show parecido aquí mismo, cuando le toque rendir su tercer informe (aquí sí será el tercero, a menos que digan otra cosa) al gobernador Alejandro Tello. Y… ¿qué se puede esperar para el próximo espectáculo?

Aquí también, sin duda, el gobernante planteará que quizás no estamos como quisiéramos, pero que ahí la llevamos; que a lo mejor no se ha podido crecer económicamente, pero que podríamos estar peor; que tal vez tengamos nulo desarrollo en construcción de obra pública, pero que por lo menos las gestiones no han parado; que aunque cada quincena anden batallando para pagarle a los maestros, de todos modos por cartitas a Santa Claus no paramos.

Y la oposición, muy en su papel, seguramente insistirá en que la ola de inseguridad no cesa; en que no hay condiciones de avance económico más que para quienes están en el gobierno en encumbradas posiciones; que las políticas de austeridad son pura pantalla; y que no existe una real y verdadera procuración de justicia, sobre todo contra quienes dejaron al estado sumido en esta montaña de porquería debido a la corrupción.

Y habrá algún espectáculo durante la entrega del informe en el congreso, y un mensaje ciudadano con mega-producción, y las posteriores celebraciones tanto del grupo de gobierno como de los de la oposición, respectivamente, quizás coincidiendo en algún restaurante de la Feria Nacional de Zacatecas,  o en una de esas, tal vez hasta se junten en los espectáculos nocturnos ya sea en el Palenque o en el Teatro del Pueblo. Ahí se verán la currez o la populachada.

Y en los siguientes días, seguirá la fiesta, y quizá pronto se olvide el Informe de Gobierno (como suele suceder cada año), sólo para retomarlo (como si fuera cruda de informe) una vez que termine la Feria, que se convierte todos esos días en una especie de “suelo sagrado” donde oficialistas y oposición se funden en una sola cosa, amalgamados por la pachanga, los boletos de cortesía o las invitaciones en las mesas de bares y restaurantes, no nos hagamos.

Vendrán también los informes de gobierno municipales, y las respectivas crudas por la falta de desarrollo, por las carencias evidentes, por la inseguridad, por… muchas más cosas. Y al final de cuentas, me pregunto ¿cuántas personas cambian de opinión de un gobierno a partir de cada uno de esos informes? Creo que nadie. Porque creo que a nadie le interesan, más que a sus protagonistas. Así de relevantes parecen ser los informes.


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