Enrique Laviada
Enrique Laviada

Creo que sería absurdo pensar que el gobernador Alejandro Tello cruzará los brazos en el proceso sucesorio, para ver pasar al candidato de Morena directo a ocupar su oficina, así nomás, como si todo ya estuviera escrito.

Según algunas mentes malvadas, la píldora esa de que a Tello lo único que le interesa es planear su retiro de la vida pública, sin hacer ruido, para dedicarse por completo a su familia, en buena onda, como un buen servidor y amigo de todos, está diseñada para que la traguen los ilusos y con eso se entretengan.

Dicen que, muy por el contrario, mientras Tello se empeña en la narrativa de que él “no rompe un plato” (como parte de la estrategia), el tiempo se hace propicio para acomodar las piezas en el tablero y preparar la defensa y permanencia del grupo político que le permitió llegar hasta donde se encuentra.

Eso dicen.

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Se trata de la amalgama lograda entre el PRI tradicional (léase Fito Bonilla) y lo que queda del grupo de neo priístas incrustados (léase Miguel Alonso), bien dispuesta a dar la pelea.

Eso es lo que explicaría el relevo en puestos clave de varias secretarías, con la misma lógica y encomienda de utilizar las estructuras gubernamentales para los fines políticos y electorales que correspondan.

No se requiere mucha perspicacia para interpretar que a eso responde la llegada de “distinguidos cuadros del PRI” a puestos clave en la Secretaría de Educación (Seduzac), lo mismo que en la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), que en el Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (SEDIF), donde atiende la primera priísta del estado y, desde luego, en la Secretaría del Campo (Secampo), dependencias desde donde se han articulado todos los buenos oficios (léase mañas), en camino al 2021.

Eso dicen.

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Tengo de buena fuente (léase tricolor) que el cuento de la neutralidad y la benevolencia conmovedora del gobernador Tello es eso exactamente: un cuento, que nada tiene que ver ni con la realidad ni con los compromisos, preparativos y maniobras en curso, dirigidas a fortalecer las estructuras de su partido, desde el gobierno.

El abanderado de la operación “sigamos en el poder” es, sin duda, Fito Bonilla, con la certeza, dicen, que esta vez sí contará con el apoyo de su amigo Alejandro Tello, en calidad de condición sine qua non para participar en las candidaturas, las que se entiende le pueden tocar a cada uno de los que, hasta ahora, se han apuntado y declarado listos para el combate.

Debo aclarar, estimado lector, que tales versiones, difundidas a discreción (es ironía), corresponden a la confianza institucional que les caracteriza y a la amistad construida durante el periodo alonsisista (cualquier cosa que eso signifique) y a la férrea voluntad de resistir ante la 4T (obvio es ironía) y a la firme determinación de las organizaciones y los sectores del partido y, en suma, a los mejores deseos del PRI en Zacatecas. Es cuanto.

Eso dicen.

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Acertijo

No hagas cosas malas que parezcan buenas


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