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La Segunda Guerra Mundial es un tópico que ha generado un sinnúmero de trabajos de toda índole que se han convertido, incluso, en producciones televisivas o cinematográficas, de todos los tintes. Es un tema recurrente, no solamente por el valor histórico que implica y su estudio desde diferentes disciplinas, sino porque simple y sencillamente no se puede entender el funcionamiento del mundo en la actualidad sino como consecuencia de ese conflicto bélico.

Una de las modalidades de la actuación de los países, que los estudiosos de las relaciones internacionales consideran en términos de geopolítica, es el aislacionismo. En particular, para muchos, el aislacionismo norteamericano ha sido tópico de producción de varios ensayos o análisis que tiene muchos elementos positivos que aportan a la discusión del mundo actual, principalmente por lo que deriva de ellos. Me explico.

En el sitio web www.historiasigloXX.org se puede encontrar una definición de “aislacionismo norteamericano”, que ofrece varios elementos para este análisis. Establece que es la “Política exterior estadounidense contraria a las alianzas con otros estados o a la participación en asuntos internacionales fuera de los Estados Unidos. Esta actitud tiende a centrar su interés en los asuntos internos del país, en la búsqueda de prosperidad y garantizar la seguridad. Sus orígenes se remontan a los primeros momentos de la república con Washington y Monroe. Los aislacionistas, predominantes en el partido republicano, frustraron los esfuerzos del presidente demócrata Wilson para que Estados Unidos entrara en la Sociedad de Naciones en 1919. Tras la Segunda Guerra Mundial este tipo de política ha perdido mucha fuerza, aunque aún sigue presente en las posturas más conservadoras y populistas.”

¿Qué debe llamar la atención? En primer lugar que, desde sus orígenes como nación, Estados Unidos aplica esa política bajo el supuesto de respetar lo que sucede en otras naciones… Pero sin dejar de considerar los resultados. Es como se dice coloquialmente: tener “un ojo al gato y otro al garabato”. Dicho de otra forma, ha resultado un pretexto perfecto para enfocarse en los asuntos internos, principalmente bajo el argumento de cuestiones de seguridad interior que mantengan sus condiciones de nación democrática y sin riesgos para su población.

En segundo lugar, debemos considerar que el aislacionismo fue un elemento decisorio para que Estados Unidos no se viera en una situación de condiciones de igualdad con otras naciones. Obviamente, las circunstancias económicas, sociales, militares y políticas de EUA difieren de las de otras naciones, en mayor o menor medida –y, por supuesto, dependiendo del lente con que se vean las cosas–, y verse en un terreno de política exterior a la par de otras naciones. Eso no entra tan fácil en la política exterior norteamericana.

En tercer lugar, debemos destacar la parte final de la definición: “sigue presente en las posturas más conservadoras y populistas”. El aislacionismo –norteamericano, y quizás otros– puede entenderse entonces como un mecanismo de expresión política de posturas contrarias a las de apertura exterior, intercambio cultural, económico y científico, o incluso, podría interpretarse como una posición opuesta a la migración, a la integración y a la convivencia democrática.

Con esto en cuenta, aludo al texto de Eric Hobsbawm, Historia Del Siglo XX (Crítica, Grijalbo Mondadori, Buenos Aires, 1999; en inglés Extremes. The Short Twentieth Century 1914-1991, Michael Joseph Ltd, London), que en la página 49 asienta que “El «aislacionismo» de los Estados Unidos sólo se aplicaba en relación con Europa. De hecho, fue el embargo occidental (es decir, estadounidense) del comercio japonés y la congelación de los activos japoneses lo que obligó a Japón a entrar en acción para evitar el rápido estrangulamiento de su economía, que dependía totalmente de las importaciones oceánicas. La apuesta de Japón era peligrosa y, en definitiva, resultaría suicida.”

No resultaría extraño entender el movimiento geopolítico actual de Estados Unidos y otras naciones basado en ese sentir aislacionista que asegure las fronteras y evite su vulnerabilidad ante grupos terroristas, movimientos migratorios o fuerzas económicas. Y el origen, sin duda, está en la Segunda Guerra Mundial, ese conflicto bélico que mostró el lado más inhumano de los humanos, nos enseñó lo peor y no aprendimos nada.

COLUMNA: EL POLÍTICO Y EL CIENTÍFICO

El aislacionismo norteamericano y una interpretación actual

Alfonso Carlos Del Real López / Politólogo


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