Emilio
Emilio

El recién fallecimiento del artista plástico Francisco Toledo (ocurrió el pasado jueves 5) ha generado un sinnúmero de manifestaciones que reconocen la trayectoria plástica y el activismo por la defensa de la memoria y patrimonio de Oaxaca, entidad donde nació.

En las redes aparecieron opiniones diversas sobre “el artista vivo más importante del país (según refirió el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura el día de su cumpleaños, julio 17). En el comunicado se asentó: “Toledo usa la modernidad y la vanguardia de otras civilizaciones, en particular la europea, para producir sus obras y muestra un sentido de lo fantástico muy desarrollado al crear criaturas extraordinarias e inimaginables, con colores llamativos, ojos saltones, así como la mezcla de la condición humana y animal sin jerarquías”.

Francisco José Ruiz Cervantes, director del Instituto de Investigaciones en Humanidades de la Universidad de Oaxaca, escribió en Facebook sobre lo omnipresente de Francisco Toledo: “Serían las siete de la noche cuando estaba en la sala que ocupa la biblioteca del IIHUABJO, en un espacio de la Biblioteca Benito Juárez en CU, actualmente en obra y desde hace mucho fuera de servicio. Fui porque abrieron un boquete para ‘colar’ una columna de acero, justo en un extremo del salón. Soplaba mucho aire y me pareció que podría llover y sin protección la eventual lluvia causaría desperfecto entre cajas y libreros. Me subí por la escalera trasera sin encontrar a nadie en el camino y llegué hasta donde quería; mucho polvo, los infaltables botellas de coca de dos litros vacías, varillas, libros, en cajas y en desorden. Me apresuré a cubrir unos ejemplares de periódicos de los setentas, recortes de aquellos años duros…y al mover una caja se cayeron varias publicaciones.

Ante mis ojos La noche de Tehuantepec, de Pieyre de Mandiargues y Los títulos primordiales de Juchitán, ambos folletos publicados por las ediciones de la Casa de la Cultura de Juchitán, salidos de las prensas de Imprenta Madero, como era su característica, y con ilustraciones de portada de Francisco Toledo.

Hacía tiempo que no veía ese material que me fue entrañable a mi regreso a Oaxaca hace tres décadas. Entonces caí en cuenta que era 5 de septiembre y que es una fecha para celebrar en Juchitán; recordé [la revista oaxaqueña] Guchachi´reza, y en particular el número que se dedicó íntegro a esa efeméride regional; pensé en Víctor de la Cruz y en la feria del libro y la lectura que lleva su nombre… en Anselmo Arellanes y por feliz asociación en el promotor de aquellas empresas editoriales: Chico Toledo, en la versión de Rogelio Naranjo.
Puse el material en la caja que lo contenía, alejé lo más que pude los libros del hueco por el que se miraba sereno el cerro de San Felipe. Después caí en cuenta que nadie me había visto entrar y que cabía la posibilidad, que en efecto ocurrió, que me quedara encerrado pues los albañiles salieron y cerraron con llave la escalera y pusieron candados en las rejas.

Un par de horas después, instalado frente a la compu… y mientras repasaba lo ocurrido, las redes sociales nos trajeron la noticia que nunca pensé leer… porque para mí, cómo para muchos más Francisco no podía morirse… Ahora contrito comparto esta historia. Que la tierra te sea leve”.

Gonzalo Lizardo, escritor, manifestó: “Toledo, el hereje: Además de su oficio y su actitud, admiro de Francisco Toledo su talento para desmitificar la historia oficial y los mitos dominantes. Así lo mostró en su libro Lo que el viento a Juárez, un lúdico ajuste de cuentas con el ídolo emblemático del pensamiento neocriollo-liberal”.

El día del fallecimiento, la maestra Susana Salinas publicó: “Con certeza papalotes guiarán su camino… Gracias por brindar a nuestros ojos tanto tanto tanto. Descanse en paz”.

 

 


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