Omar Orenday Camarillo / Estudiante de literatura
Omar Orenday Camarillo / Estudiante de literatura

Mi amigo R, estudiante de Historia, muchacho inteligente y capaz, hace prácticas profesionales, o servicio social o estadías o qué se yo, en alguna dependencia pública encargada de esos menesteres del registro e investigación de acontecimientos importantes.

R es, hay que admitirlo, bastante atractivo. Como una pantera en la sabana, camina seguro y sabe lo que quiere. Va por ahí con su cuerpo esbelto y bien formado, como un Apolo perdido en el siglo XXI, y su sonrisa, de dientes no muy derechos, pero blancos y cuidados, le ha valido la simpatía de muchos.

Porque, también hay que admitirlo, tendemos a pensar bien de las personas atractivas aunque no las conozcamos.

R, de nuevo admitámoslo, tiene de guapo lo que tiene de machista. Y en los últimos días se llenó la boca diciendo que las chicas de las manifestaciones sólo quieren hacer destrozos. Que, bueno, sí hay acoso, pero que ni de coñas es tan grave como se presume [sic]. O no tan grave como para ir a grafitear el Ángel de la Indecencia. Porque, después de todo, a los hombres eso no nos pasa, me dijo. Y, si nos pasa, en todo caso nos acosan mujeres, y si encima son mujeres atractivas, pues qué mejor.

Pero resulta que la vida da giros inesperados, y el señor que podría decirse que es su jefe en sus prácticas profesionales, o lo que sea que está realizando para cumplir su sueño de ser un historiador importante, se encaprichó con él. O más acertado sería decir que lo ha comenzado a acosar.

Primero fue una invitación a beber. R tuvo problemas con el alcohol, así que trata de dejarlo, por lo que no aceptó. Después fueron comentarios más o menos sugerentes. Luego, comentarios abiertamente sexuales.

R teme perder la oportunidad de concluir sus estadías o lo que sea que hace, por lo que ha tratado de decir que no lo más amablemente posible, sin que se note el repelús que dicho señor le causa. (R es heterosexual y, aunque no lo fuera, este señor ya está más en el mundo de los muertos que de los vivos. Como sea, nuestro chico tampoco es gerontofílico).

Creo que R comienza a entender que el machismo nos afecta a todos. Que todos podemos ejercer, consciente o inconscientemente, independientemente del género u orientación sexual, actitudes machistas, pues es una ideología en la que nos educan a todos. Sin embargo, el trabajo de la educación y la cultura es tratar de suprimir el machismo interiorizado y conducirnos por el camino de la ética.

R cuenta los días para que su servicio social, o ve tú a saber qué es lo que está haciendo, termine por fin. Qué cruel ironía.

 


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