Enrique Laviada
Enrique Laviada

La versión oficial más reciente sobre el conflicto en la mina Peñasquito insiste en la existencia de una “tregua” (así le llamaron) con el objetivo de facilitar las negociaciones de la mesa instalada en la capital del país para buscar una solución definitiva.

Con urgente emoción, los encargados de la comunicación del gobierno estatal hicieron circular en medios un video con las declaraciones de un representante de los ejidatarios y las imágenes del gobernador Alejandro Tello, retirando unos conos en la entrada de la mina, con una especie de aire de satisfacción por el deber cumplido, que son bastante impostadas.

Mientras tanto, por su parte, el senador José Narro, quien hasta hace poco alardeaba y amenazaba a la empresa en caso de que no se cumplieran todas sus exigencias (como extorsión las calificó la empresa), con  desplantes ante los reflectores, resulta que de pronto se desmarca y se deslinda del conflicto, aunque nadie le crea ni dé crédito a sus excusas.

En un anuncio publicado más tarde en redes sociales, Tello dice que regresó a Cedros como lo había prometido, y celebra que en consenso y con voluntad (suenan fanfarrias) “logramos retirar el bloqueo y dejar en operaciones la Mina Newmont-Goldcorp Peñasquito” lo que prácticamente sólo tendría que confirmarse en la capital y todos felices y contentos.

Sin embargo, otras versiones provenientes del grupo ejidal negaron que el bloqueo hubiese sido levantado y sólo admitieron que habría sido abierta una puerta para facilitar ciertos movimientos limitados hacia dentro del complejo minero.

En los videos difundidos por el gobierno estatal, por cierto, nunca aparecen representantes de la empresa, aun cuando hubiesen sido captados con la debida torpeza (no es ironía), un pequeño detalle que se le escapó a la producción, seguramente.

De modo que, consultada por mero afán periodístico, la vocería de la empresa negó rotundamente que el bloqueo estuviese resuelto mediante la “tregua”, y que las operaciones de la mina seguían paradas y que los videos y las declaraciones oficiales sonaban a puro discurso político.

Para ese momento (así es el periodismo) resultaba evidente que era peor Tello diciendo mentiras, que Tello regresando con las manos vacías de su incursión como operador y negociador de conflictos sociales, sin menospreciar sus buenas intenciones y conmovedores gestos de acercamiento con las comunidades, y la oportunidad de conocer algunos lugares de los alrededores.

Es posible que los achichincles del gobernador le hayan convencido de que, con unos cuantos videos, algunas mentiras distribuidas con suficiente charlatanería y una “tregua” convenientemente pactada con Narro (quien ha hecho público su agradecimiento y no escatima en elogios al gobernador), se acreditarían los méritos de un gobierno exiguo en sus recursos y capacidades. Es posible. Siempre queda el recurso de la simulación para hacer que lo que no es, lo parezca. Es posible. Lo que supone que las versiones oficiales pasen íntegras al público, sin la molesta carga de las contradicciones y los desmentidos. Es posible. Todo es posible en la muy limitada imaginación de la mediocracia que, por desgracia, predomina en las distintas sucursales del oficialismo. Es posible.

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Acertijo

No puede ni consigo mismo


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