Enrique Laviada
Enrique Laviada

En el diccionario se enumeran con suficiente puntualidad las características de aquella cosa o hecho propio de una persona frívola; como cuando en una época de duras discusiones políticas, ciertos personajes salen a escena en el momento menos oportuno, acudiendo a la prensa para inculpar a los demás de todas sus propias barbaridades, como un reflejo representativo de un tipo de ralea gobernante que se muestra caduca, por decir lo menos.

Todo esto lo escribo porque no he tenido más remedio que hacerlo, en alusión a uno de los más penosos representantes de la frivolidad en nuestro entorno, un tal Benjamín Medrano, aunque hubiese podido invertir mejor mi tiempo. Lo sé. Con la salvedad, quizá, de la preocupación por el daño que pueden hacer al estado. Sobre todo, si se juntan con otros, pero también solos y por separado. Se ha visto.

En el más reciente espectáculo ofrecido por Medrano, han sido muchos los nombres de personas ligadas a la administración pública los afectados, visto en modo particular, los del gobernador Alejandro Tello y su esposa, en medio de un escándalo por malos manejos en los asuntos de la feria esa que se prometía tan linda y familiar, y que ha terminado por dejar en tela de juicio ni más ni menos que la sana prudencia de la pareja gobernante al elegir al susodicho como su representante para los festejos.

Una persona frívola no concede a las cosas la importancia que merecen y, con demasiada frecuencia, lo que hacen carece de la seriedad requerida, ya que sólo piensan en su lucimiento personal, por lo regular rodeados de futilezas y banalidades, y no creo que sea preciso buscar mucho para ponerle nombre y apellido al menudo lío en el que se ha metido, por lo antes dicho, la presente administración.

Las andanzas de Medrano incluyen, desde luego, otro ingrediente de la frivolidad, y es su cercano parentesco con el desmedido interés por lo material. Sucede que la vanidad, que es inherente a las personas frívolas, suele acompañarse de una ambición desmedida, ya sea por el dinero o el poder, o ambas delicias. Su abandono de lo esencial es recompensado, entonces, por el enriquecimiento a costa de los demás, y de quien se deje, lo que por desgracia aplica para el estado, algunos de sus municipios, la legislatura, otras instituciones, la investidura del gobernador y hasta algunas buenas conciencias de por estos rumbos que se han dejado seducir por la frivolidad.

Pero una persona frívola no sería nadie a menos que también sea un sinvergüenza. Algo que es posible en su forma más elocuente al no existir un control rígido, orden y respeto, hasta por la fiesta. Para una persona frívola y sinvergüenza (de sobra decir, como Benjamín Medrano) eso permite tener muchas y muy buenas oportunidades para que sus actos queden impunes. Creo que en eso debería estar pensando el público defraudado y los contribuyentes que aportan los recursos y las instituciones burladas y todos los que van con pena ajena. Pero ha de saber usted, estimado lector, que estos sujetos, además, tienen buena suerte. Hasta que se les acaba. Ya veremos.

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Acertijo

Tantas veces va el cantarillo al agua…


Nuestros lectores comentan

  1. EN DUDA LA LEGITIMIDAD DE BENJAMÍN MEDRANO COMO COORDINADOR GENERAL DEL COMITÉ ORGANIZADOR DE LA FERIA NACIONAL DE LA CIUDAD DE ZACATECAS (NOMBRE OFICIAL), DE ACUERDO A SU LEY ORGÁNICA; ARTÍCULO 4 ES FACULTAD DEL PATRONATO DESIGNAR A LAS PERSONAS QUE DEBAN INTEGRAR EL COMITÉ ORGANIZADOR, ES DECIR, EL PRESIDENTE CONSULTIVO DEBIÓ CONVOCAR A UNA SESIÓN PLENARIA PARA TAL EFECTO Y HASTA ENTONCES PROCEDER A LA EXPEDICIÓN DE LOS NOMBRAMIENTOS DE LOS DIVERSOS MIEMBROS DEL PATRONATO Y DEL COMITÉ ORGANIZADOR, FIRMÁNDOLOS EN UNIÓN DEL PRESIDENTE EJECUTIVO, EN ESTE CASO LA PERSONA ENCARGADA DE LA DIRECCIÓN DEL SISTEMA ESTATAL D. I. F.