Alberto Chiu
Alberto Chiu

En esta edición de El Diario NTR, publicamos una nota acerca de unos jóvenes zacatecanos, alumnos de preparatoria de la UPIIZ (la unidad que tiene el Instituto Politécnico Nacional en el campus de Zacatecas), quienes fueron seleccionados de entre cientos, principalmente de la CDMX, por presentar a concurso un innovador dispositivo que pretende, fundamentalmente, servir como herramienta tecnológica para prevenir y coadyuvar en la solución de los problemas de inseguridad que padecemos actualmente.

Según lo explicaron, el proyecto (que es avalado por el gigante surcoreano Samsung) consiste en un botón que se puede llevar en la ropa, o en un llavero, y que junto con una aplicación de celular permitiría, por ejemplo, lanzar una alerta en una situación de emergencia, o enviar una ubicación georreferenciada para conocer la ubicación del portador, y otras funciones más de seguridad. Excelente idea, que nos demuestra que sí hay talento al que tenemos que apoyar todos –incluso aunque sea sólo moralmente–, y que vale la pena difundir sus logros. Felicidades.

Dicen que así como el ocio es la madre de todos los vicios, quizás también haya que reconocer que en este caso la necesidad es la madre de la creatividad. Y aquí empieza quizás un tanto la nota agridulce del asunto, pues resulta triste que tengan que inventar un dispositivo así, como respuesta urgente a la terrible, y ya insoportable, situación de inseguridad que prevalece en el territorio estatal.

Efectivamente, las cifras de agresiones contra mujeres no han cedido; el número de personas desaparecidas o no localizadas al parecer va en aumento; son muchos los reportes –sean éstos confirmados o no por la autoridad– de presuntos “levantones” y secuestros, de los que precisamente luego la autoridad poca información otorga oficialmente; y ya ni hablar de todos aquellos casos de acosos, abusos, bullying, mobbing laboral o como quieran llamarle los especialistas, de los que nos enteramos diariamente, que incluso nunca llegan a convertirse en una denuncia o demanda formal ni se judicializan… pero existen.

Qué bueno que hubo la inventiva, la creatividad, la mejor intención de mejorar una problemática social de la vida real, y que sean jóvenes quienes, observando su realidad, quieran ahora cambiarla para bien, para protegerse ellos mismos ante la ausencia de la protección del Estado.

Qué bueno que haya maestros que los hayan impulsado a seguir esos anhelos de bienestar social, y que hayan colaborado en fomentar en ellos la conciencia social para que entreguen su saber práctico, como aportación al bien común.

Qué bueno que haya instituciones como el IPN que, gracias a su misión y sus objetivos, impulse la ciencia y la tecnología para el progreso de la nación, con un compromiso inatacable e indudable.

Dentro de las malas noticias que nos ahogan todos los días, por lo menos en estos jóvenes, en su dedicación, y en su institución, podemos encontrar un oasis de esperanza que, ojalá, se convierta en una realidad que ayude a disminuir la violencia que nos aqueja. Sí, al menos a disminuirla. Porque abatirla… eso le corresponde al Estado, y hasta el momento éste nos sigue quedando a deber.


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