Enrique Laviada
Enrique Laviada

Ha sido en la conferencia mañanera de ayer cuando el presidente López Obrador dio lo que bien podríamos llamar “carpetazo” al conflicto de la minera Peñasquito, muy en su estilo: hay dirigentes que quieren sacar raja de estos conflictos, corrupción, quieren sacar dinero. Unas cuantas palabras, pero suficientes. Con dedicatoria, además, para José Narro, la mano (negra) detrás del bloqueo, a quien la empresa Newmont-Goldcorp había denunciado con anterioridad por uno o varios presuntos intentos de extorsión. Quería sacar dinero, y mucho, al parecer.

El presidente sostuvo este lunes que no conviene, desde ningún punto de vista, que la minera cierre operaciones en México, pues representa una inversión muy importante y es de las empresas, dijo, que mejores salarios otorga a sus trabajadores en el sector, datos que le fueron proporcionados y pudo constatar en su reciente visita a la entidad y a la región misma en la que se encuentra enclavado el complejo minero. Eso no sucede en otros lugares del país, agregó, por si acaso hubiese dudas acerca de su postura.

Su cuestionamiento ante la intervención nociva de “ciertos dirigentes” ha corrido en el mismo sentido de lo que López Obrador acostumbra declarar sobre quienes pretenden fungir como “intermediarios”, lo que genera clientelismo y corrupción: son personas que “quieren sacar raja” de los conflictos sociales, son los que hacen negocio con la necesidad de la gente, que aparentan defender el medio ambiente, pero luego negocian, generalmente a espaldas de los campesinos. Parasitismo político, pues. Ésa era la costumbre, pero se acabó. Carpetazo.

El senador Narro, al parecer, tardó un poco en reponerse. Pero horas más tarde emitió un comentario en redes sociales con destinatario indeterminado, quejándose que ha sido objeto de “acusaciones con la intención de crecer mediáticamente” a costa de su imagen, lo que podría interpretarse como una alusión sesgada al presidente o simplemente “fingir demencia” para esquivar el golpe, aunque con la debida aclaración (es ironía) de que no acostumbra aceptar provocaciones. O sea: confunde, que algo queda.

El que sí de plano salió al quite fue Felipe Pinedo (mozo de estoques de Narro para este y otros lances), mediante senda publicación con la que anunciaba su viaje a la capital norteamericana, junto a una comisión del Ejido de Cedros y de la Coalición de Transportistas  y Trabajadores de Mazapil, que aún mantienen bloqueada la mina, con la finalidad de “exigir justicia” y “tocar todas las puertas”,  y demostrar la devastación provocada por la minera Peñasquito, lo que incluiría reuniones con funcionarios de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). En una “misión diplomática” seguramente financiada por el Senador, a tras mano, nos dicen, lo que podría interpretarse como retar con descaro al Presidente. A ese grado.

Esa es la “política de las dos caras” de la que hablamos en distintas ocasiones en este espacio, una especialidad maoísta del ahora senador Narro, con la que cayeron ingenuamente las autoridades estatales. Pero no así el Presidente, decidido como se ve, a dar carpetazo al asunto. Ya veremos en qué termina.

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Acertijo

Apoyar todo lo que el enemigo combate y oponerse a todo lo que el enemigo apoya


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